Análisis político, por Antonio Balsalobre

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Retratados

Como los días, también cada año trae su afán. Y este nuevo que acaba de nacer viene marcado con el signo de alianzas que aparentemente podrían ser consideradas contra natura pero que, vista la fragmentación electoral existente,  pueden empezar a adquirir visos de normalidad. Frente a la Triple Entente de PSOE, Unidos Podemos y nacionalistas varios, que sustenta al gobierno de España, ha surgido la Triple Alianza de PP, Ciudadanos y Vox que se propone conquistar, sumando fuerzas, Andalucía. La aritmética parlamentaria es la que manda y de poco sirve, en uno y otro bando, rasgarse las vestiduras. Los socialistas necesitan a su izquierda y a los independentistas para aprobar los Presupuestos; y Casado y Rivera necesitan a la extrema derecha para alzarse con el poder al otro lado de Despeñaperros. A decir verdad, no se sabe qué es peor. Si depender de los nacionalistas catalanes, que antes de abrazar el independentismo insurrecto eran demócratas homologados que sostenían gobiernos de González o Aznar, contribuyendo a “la estabilidad de España”, o embarcarse en una aventura incierta con los nostálgicos del franquismo homologados por la ultraderecha europea.

El Partido Socialista y Unidos Podemos ya han pagado la primera letra de esta compra a plazos. Y si ha caído Andalucía, feudo hasta ahora inexpugnable, ninguna plaza está ya a salvo. Es tan pequeño el margen de maniobra que le queda a Pedro Sánchez que aunque termine salvando los Presupuestos, cosa que puede ocurrir, su victoria será pírrica porque en el camino el independentismo catalán lo irá poniendo contra las cuerdas y en evidencia ante su propio electorado. Y sería letal para la izquierda que esa impronta se quedara como imagen fija. También podría ser que suelte amarras en el último momento y acabe convocando elecciones legislativas también esta primavera. Se presentaría entonces como quien lo ha intentado y no ha cedido, dejando a Ciudadanos ante sus propias miserias, si es que fructifica, como todo parece indicar, la Triple Alianza andaluza.

Cuesta entender de qué va el partido naranja. Cómo se está dejando atrapar en esa pinza diabólica que le han preparado Vox y el PP. No puede valer todo en política. Y es más que probable que parte de su electorado se lo acabe recordando. Sobre todo cuando Vox se ha estrenado queriendo desmantelar las políticas de igualdad e independencia de las mujeres y cuestionando la lucha contra la violencia de género.

El desmelenamiento del PP se entiende, si cabe, mejor. Al frente de un partido corroído por la corrupción, en un proceso de declive electoral imparable (un 20% ahora en las andaluzas después de haber obtenido un 40% hace seis años), Casado ha encontrado en la extrema derecha un asidero en el que agarrarse. Con el peor resultado de su historia, y sin ser el partido más votado (con la vara que nos dieron con esa cantinela), los populares se van a hacer con la presidencia de la Junta. Con foto o sin ella, como pide Vox, una vez consumado el pacto, Casado, Rivera y Abascal van a quedar perfectamente retratados.

 

 

 

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