Antonio Balaslobre considera que es «necesario» un cambio en el gobierno regional

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Claro que 24 años de PP son muchos

Claro que veinticuatro años son muchos. Claro que la Región necesita un cambio. Pero no un canje cosmético, estruendoso y hueco, como el que representa Ciudadanos, que no descarta sostener gobiernos tripartitos con el PP y Vox allá donde pueda, sino un cambio profundo, social y progresista.

Claro que el proyecto del PP está agotado. Eso lo sabe hasta el Tato. Lo dejó moribundo Valcárcel, lo sentenció PAS y lo está rematando López Miras, el “incompareciente”. El que sólo quiere jugar en casa, debatir en “su” televisión, o trilear con dados marcados.

Corrupción, gestión nefasta, enchufismo, despotismo, manipulación… Sólo hay que echar la vista atrás para comprobar que la historia del PP en la Región es la historia de un gran fiasco. De muchos fiascos. También el del propio López Miras, designado a dedo por PAS, tras sus problemas judiciales. Un político escogido por su mansedumbre y fácil tutelaje que se aferra desesperadamente a un sillón regalado.

Hay que tener valor para querer presentarse como nuevo en esta plaza después de cinco lustros al frente del gobierno autonómico con mayorías absolutas aplastantes y haber colocado a la Región en los primeros puestos en índice de desempleo, pobreza infantil, desigualdades sociales, deuda pública y corrupción.

Muy difícil, por no decir imposible, lo está teniendo, además, para conseguir desvincularse, como pretende, de ese estigma que persigue a su partido y que es la política de la mentira. Basta hacer un poco de memoria para recordar el culebrón del aeropuerto de Corvera, con promesas incumplidas de apertura sistemáticas durante años, hasta que tuvo que venir el gobierno de Pedro Sánchez a abrirlo. O la madre de todos los engaños que fueron las campañas instrumentalizadas del “Agua para todos” y el trasvase del Ebro, que tantos réditos electorales le procuraron. O aquella tomadura de pelo que fue el parque de la Paramount. Por no mencionar el atropello ferroviario que se avecinaba con la llegada del AVE en superficie, partiendo la ciudad de Murcia en dos, con muros de hasta siete metros de alto.

Han sido veinticuatro años de política caciquil. Demasiados. Veinticuatro años poniendo las instituciones y la maquinaria de la Administración al servicio de un partido y de un régimen. Y eso lo hemos pagado, y bien caro, los murcianos. Urge ahora normalizar esta Murcia cautiva, anclada en el clientelismo (lo del pedáneo de El Raal o lo de Roque Ortiz no es más que la punta del iceberg), y extirpar de San Esteban la incompetencia y la mediocridad.

López Miras, en la misma medida que Valcárcel y Pedro Antonio Sánchez, es corresponsable de esa política. Es copartícipe de la herencia que deja el PP y con la que tendremos que apechugar todos los murcianos. Ojalá pasen pronto estos años de plomo a la historia. Es hora de poner nuestro futuro en otras manos. En manos que defiendan la libertad, sin olvidarse de la justicia social y la equidad. Ojalá sea el pasado domingo el comienzo de un cambio de ciclo.

 

 

 

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