Antonio Balsalobre analiza la actualidad política

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Septiembre

Con la llegada de septiembre y de las primeras lluvias no sólo se acaban las vacaciones sino también, para quienes nos gusta el río, la temporada de baño. Por lo menos para la mayoría, porque sigue habiendo algunos impenitentes que, desafiando sus aguas frías, apuran casi hasta noviembre. Con el transcurrir de septiembre, atrás quedan, para alivio de muchos, las sofocantes tardes de agosto, y el calor se va haciendo más llevadero, y hasta refresca por las noches.

No nos podemos quejar este año los bañistas. Ha bajado durante todo el verano un río imponente, caudaloso y limpio. Últimamente, además, con las lluvias caídas, ha ido creciendo, amenazando incluso con desbordarse. Lo cierto es que con su fuerza arrolladora, impone lo que se dice “respeto”. Buena noticia, por lo tanto, para los agricultores, siempre necesitados de agua, y de paso también para los que nos gusta sumergirnos en sus aguas. Este río que nos lleva – que  por cierto da título genérico a esta columna-, y apela a la metáfora manriqueña, es el símbolo más potente que yo conozca sobre la vida. Pero de eso hablaremos en otro momento.

Decir septiembre, también es decir comienzo de curso, no sólo para los estudiantes sino también para la clase política. Lo que los franceses llaman la “rentrée politique”. Que este año va a ser incandescente. Al menos a escala nacional, por cómo está el patio. Más tranquila está resultando en el ámbito local donde, volviendo a la metáfora anterior, el río fluye más sereno. He echado en falta, no obstante, para darle cierto color y fuerza a este inicio de temporada y final de legislatura, una rueda de prensa conjunta del equipo de gobierno local marcando el rumbo para los próximos meses.

Una aparición conjunta (con contenido) de PSOE, IU y Podemos, esto es, de Pascual Lucas, Paco Saorín y Pilar Martínez, podría dinamizar la escena política y mandar un mensaje nítido y potente al electorado de izquierda. Lograría, además, el mismo golpe de efecto que el conseguido por Pablo Iglesias tras su encuentro con Pedro Sánchez. Una reunión generadora de grandes expectativas ante la posibilidad de que tome cuerpo un pacto de legislatura centrado en acuerdos que pongan patas arriba la política de recortes del PP. Con propuestas sociales tan justas y necesarias como la reforma de la fiscalidad, atendiendo el mandato constitucional de progresividad, esto es, haciendo que paguen más las rentas más altas (las superiores a 140.000 euros, por ejemplo); la rebaja de impuestos a los autónomos; la reducción del IVA de los productos de primera necesidad; la regulación de una vez por todas del mercado del alquiler, blindando la protección de las viviendas sociales para evitar la especulación de los fondos buitres; la subida de las pensiones; la mejora de la educación y de la ya recuperada sanidad universal… Y cómo no, puesto que no sólo de pan vive el hombre, la exhumación del dictador y un impulso decidido a la recuperación de la memoria histórica.

Medidas urgentes, inaplazables, que para salir adelante deberán contar con consensos más amplios que el conseguido por PSOE y Unidos Podemos. Y ahí está el problema. Porque si los nacionalistas anteponen la independencia a la justicia social y la derecha (PP y Ciudadanos) bloquean estos presupuestos, como es de suponer, la recuperación del Estado de bienestar, destruido por la crisis y los recortes de Rajoy, deberá esperar.

Septiembre -el mes en que, como dice mi admirado García Montero, “el cielo es relativo”- lleva cubierto de nubes estos días, como la política. Diada (que excluye a media Cataluña), “guerra” de lazos amarillos (tras el verano de las “cruces”, ¡qué horror!), másteres fraudulentos (Casado-Montón), bombas por trabajo en Cádiz… y no sigo.

Sí, tiene que llover. Y si es posible, a cántaros.

 

 

 

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