Antonio Balsalobre analiza la problemática catalana

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“Horriblemente cuerdos”

Hay tanta gente empujando, de aquí y de allá, de un extremo y otro, para que el consejo de ministros del viernes en Barcelona y la improbable reunión Sánchez-Torra salten por los aires, que raro será si no lo consiguen. Y mira que la idea no era mala. Dialogar para distender, hablar para empezar a entenderse. ¡Pero qué va! Hay aquí demasiada gente, en un lado y en otro, jugando al todo o nada para que en el endiablado problema territorial catalán se pueda vislumbrar algún tipo de solución mínimamente sensata.

Empezando por quien ahora mismo tiene la mayor responsabilidad de que Cataluña no se balcanice, si es que ya no lo está, y que es su peor pirómano: Torra. Un personaje xenófobo y supremacista que ya desconcierta hasta los suyos y que ante la posibilidad de haber alentado un bloody Friday con declaraciones incendiarias (“apretad” y su “vía eslovena) finge ahora moderarse temiendo lo peor.

Siguiendo por Aznar, el gurú de un mocerío desaforado, prepotente y belicista, convertido en repartidor de acreditaciones constitucionalistas, él que propone un inconstitucional 155 sine die. Y pasando por Rivera, que, por apuntarse, se apunta a un bombardeo. Ya veremos si también con Vox.

Evidentemente no es una lista exhaustiva, sino meramente orientativa. Hace falta mucha gente en un lado y otro para empujar a Cataluña al abismo, y por poco más que se esfuercen, los secesionistas de allá y los ultranacionalistas de acá, lo van a conseguir.

Por lo que parece, parafraseando a León Felipe, ya no hay “locos” en España que crean en el diálogo como solución a los problemas. Aquí empezamos a estar todos “cuerdos, horriblemente cuerdos”. Cuerdos y bipolarizados entre la mano dura y la insurrección. Los que más, Torra y Casado, aunque uno llame al otro “desequilibrado”.

Quien fuera del secesionismo crea que aplicando un estado de excepción permanente en Cataluña se acabará con el movimiento secesionista, se equivoca. Como se equivocan quienes llevados por una quimera independentista –de claro corte ultranacionalista- crean que pueden imponer una secesión inconstitucional para la que ni siquiera cuentan con una simple mayoría. Ambas posturas sólo pueden conducir al abismo de un enfrentamiento civil.

¿Qué nos queda entonces? Pues bien poco. Sólo un camino poco explorado hasta ahora. Que entre tanto “horriblemente cuerdo”, surjan en un lado y otro algunos “locos” que piensen que con la Constitución y el diálogo se pueden resolver problemas. Además, como alguien dijo por ahí, “en democracia, lo inteligente es agotar la persuasión, el convencimiento y el acercamiento». Excepto si se le quiere meter fuego al kiosco, claro.

 

 

 

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