Antonio Moya: “La ciudad estaba un poco entristecida y lo primero que ha hecho Floración ha sido recuperar el sentirnos orgullosos de Cieza”

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ENTREVISTA

El concejal ciezano responde a las preguntas realizadas sobre el estado de la agricultura local: proyecto Floración, diversificación de cultivos, trabajo en los almacenes y plantaciones ecológicas

Miriam Salinas Guirao

La cuarta edición del Plan Turístico Floración llena de actividades el mes de marzo. El sector agrario, de importante peso en la economía local, se sitúa en el punto de mira. ¿Qué impacto tiene Floración? ¿Qué trabajo hay detrás del espectáculo visual? Para conocer dónde nos situamos y qué se espera del sector entrevistamos al concejal de Empleo y Desarrollo Económico, Industria, Agricultura y Ganadería, y Turismo, Antonio Moya Morote.

Pregunta: ¿Cómo surge la idea de Floración Cieza?

Respuesta: Por mi trabajo, relacionado con el sector agrícola, porque tenemos una empresa familiar que gestiona Comunidades de Regantes, mi contacto con el campo es habitual, y veía en esta temporada la maravilla que tenemos. Cuando me llamó Pascual para formar parte del equipo, en las reuniones, me preguntaban por posibles proyectos a desarrollar en el sector agrícola y me acuerdo que le dije: “Necesitamos la IGP (Indicación Geográfica Protegida), porque la denominación de orígen no tiene sentido”.  ¿Por qué? Porque no quedan variedades autóctonas, pero es fundamental que se conozca el melocotón de Cieza. Le dije que Floración podría ser un proyecto turístico, pero añadí: “¿Qué mejor campaña se le puede hacer a nuestro melocotón que con Floración?” Si montamos un proyecto turístico relacionado con la agricultura, dos meses antes de que salga a la venta el melocotón, a la agricultura le va ayudar mucho. Así surgió. Rodeándome con un buen equipo, visitando ferias y formulando la imagen del proyecto pensamos que como la flor del melocotón tiene 5 pétalos, debíamos armar esos 5 pétalos: deporte, música, naturaleza, patrimonio y gastronomía.

“Necesitamos la IGP, porque la denominación de origen no tiene sentido”

P: ¿Qué está aportando Floración?

R: Cieza estaba un poco adormecida, entristecida, y lo primero que ha hecho floración ha sido  recuperar ese orgullo: sentirnos orgullosos de Cieza, de todo, de nuestro entorno, de nuestra ciudad, de nuestro patrimonio. Orgullosos de la maravilla del Cañón de Almadenes, Patrimonio de la Humanidad por su arte rupestre, el impresionante balcón de La Serreta y el valor que encierra, el despoblado de Siyâsa, joya islámica; los museos, que en un pueblo de 35.000 habitantes, es una absoluto prodigio: el museo de Siyâsa, el del esparto, el Centro de folklore, el de la Semana Santa… Es para sentirse orgulloso de todo lo que tenemos, de tener un proyecto como Floración que ha venido a recuperar ese orgullo, que haya puesto en valor todo lo que tenemos y que vengan de todas partes a echarnos flores.

Para nosotros era importante además este proyecto para poner en valor nuestro melocotón, porque la agricultura es todavía el motor económico, y luego, porque aprovechando la Floración, como figura de enganche, damos voz a todo lo bueno que tenemos. El que venga en Floración que vea todo el potencial turístico y no solo nos visite ese mes, sino que vuelva. Esto es lo fundamental: el orgullo, poner en valor nuestro melocotón, y con ello la agricultura, y nuestro patrimonio y potencial turístico, es evidentemente que todo eso va enlazado con el objetivo final que es crear empleo y evitar la estacionalidad de la economía de Cieza, y no depender solo de la agricultura. En definitiva, no poner todos los huevos en la misma cesta, quitar peso a los agricultores, quitarles la presión de que si va bien la agricultura, le va bien al pueblo, y si no, es un desastre. Que haya otros sectores económicos, otros proyectos que traigan empleo  y otros sectores que puedan desarrollar económicamente la ciudad.

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P: ¿Tras el IGP, el siguiente paso es el sello ecológico?

R: Ya hay fincas que trabajan orientadas en este sentido, creo que es el futuro, y el agricultor lo sabe. El agricultor siempre está a la última: en sistema de riego, en variedades, en sistemas antiheladas, el agricultor siempre está invirtiendo. Y creo que ese va a ser el siguiente paso. El agricultor se está dando cuenta de que no todo vale y eso de cuantos más kilos… Incluso nos estamos perjudicando y no podemos manipular 200 millones de kilos en un mes, eso es imposible, no hay tanta gente para comer melocotones en el mundo. Otro campo importante que se abre: el ecológico. A la gente le gusta el producto natural, y esa apuesta junto a la marca, será importante para ir creciendo.

“No hay tanta gente para comer melocotones en el mundo”

P: Con respecto a las rutas programadas de Floración, ¿cuál es su favorita?

R: Eso es complicado porque depende de cómo venga la floración. Según los parajes, para mí el año pasado, y este, está siendo especial la Macetúa: un auténtico espectáculo. Allí hemos colocado dos miradores  uno orientado hacia la Atalaya y otro mirando al Norte, a la estación antigua de ferrocarril de la Macetua, y es una auténtica maravilla como está ese paraje de flores; las distintas tonalidades cromáticas provocadas por ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros y sus diferentes variedades. Para mí es una auténtica maravilla y la floración ha venido muy compacta: ha hecho frio cuando tenía que hacer y ahora, que es cuanto tienen que hacer mejor tiempo, lo está haciendo.

P: ¿Se plantea la diversificación de los cultivos?

R: El sector, a nivel cooperativo, se había metido en préstamos, habían hecho inversiones fortísimas para trabajar solo dos meses al año, incluyo el albaricoque y la ciruela. Ahora se han dado cuenta de que tienen unas infraestructuras que tienen que mantener y si trabajan más tiempo, amortizan antes la inversión. Y están trabajando algo de cítrico, hortalizas y el caqui, que funciona muy bien y que hasta a los niños les gusta. Eso está haciendo que haya cooperativas que estén trabajando 7 y 8 meses, incluso 9 meses al año. Eso les permite un respiro en las liquidaciones. En ese sentido, cada vez más van a trabajar ese aspecto: cultivos que les dé más tiempo de trabajo.

P: ¿Se considera potenciar el dar salida al producto local en una ubicación organizada?

R: Yo creo que los ciezanos y ciezanas lo hacemos, consumimos nuestros productos. En la elaboración de los folletos de Floración recuerdo que en las rutas urbanas que ofrecemos pensamos en lo gastronómico, para que el visitante no se fuera sin probar lo nuestro y recuerdo que decíamos que había que incluir lo de ‘berenjenicas del pueblo’, ‘olivicas chafas’, ‘habicas del Elipe’, ‘tomate del Fatego’, además de nuestra fruta. Nosotros lo consumimos porque somos inteligentes porque está todo buenísimo, qué mejor cosa te puedes comer.

A nivel de ciudad, es complicado organizar un lugar, en este mundo las lonjas ya no existen. Aquí se manipulan en los almacenes y salen tráileres, lo mismo a Mercamadrid que a Europa, que es el mercado. También lo era Rusia. Y a nivel local sé que lo consumimos y estamos orgullosos, cuando vamos a la playa nos llevamos dos cajas y lo primero que hacemos es ofrecerle al vecino una ‘bolsica’, pero a nivel de comercializar el producto, no, ya no existe como antes. Eso creo que ya no va a volver en el mundo que nos movemos.

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P: ¿Qué opinión tiene acerca del duro trabajo desarrollado por los trabajadores del sector agrícola?

R: Yo he hablado con los dirigentes de las cooperativas de esto, porque es una cosa que me preocupa: cuando echas horas de más, el agotamiento te hace que no estés al 100 %, que te despistes y que se puedan provocar accidentes laborales, y todavía más cuando estás en una máquina, y a mí eso me preocupa. Cuando oyes: “No puedo más, ayer eché 16 horas”.  Yo pienso que eso no puede ser, eso son dos días sin parar de trabajar, y yo hablo con los dirigentes y me dicen: “No, no, eso no se puede hacer, se hace en ciertas ocasiones porque incluso nos lo demandan para ganar más dinero”. Esto viene de la necesidad de mover no sé cuántos millones de kilos en muy poco tiempo y eso te lleva a no poder parar y echar horas pero digo: hay turnos, que una misma persona trabaje 24 horas no tiene sentido, es mejor que tres personas trabajen 8 horas cada uno, como se hace en muchísimas empresas. Y los dirigentes me comentan que no hay más gente, cosa que me extraña. Puedo creerme que con la gente que tienes estés contento porque te trabajen bien y que haya otra gente que has tenido y que no te guste como trabaja, puedo entenderlo como empresa, pero eso de que no hay gente… Y por otro lado, porque tú quieras ganar más dinero yo no voy a arriesgar. Con el miedo se funciona a veces, y que te venga una inspección… Además es que ni es bueno para la empresa ni para el gerente ni para la gente, no es bueno para nadie.

“No puedo más, ayer eché 16 horas”

Que la gente te diga que quiere echar más horas y se lo permitas puede ser todo lo legal que tú quieras, cotizando y pagando, pero desde luego una persona que trabaja 14, 15 o 16 horas… esa persona ya no rinde igual, se perjudica a todos.

Yo mantengo contacto con ellos, les digo que lo que hay que hacer es crear puestos de trabajo porque a cuantas más familias podamos ayudar, mejor. Desgraciadamente se dan casos de esos sí, y hay gente que echa más horas que son incluso familiares de directivos, pero bueno, nosotros cuando vamos a visitar algún almacén, nos reunimos con el sector, cuando llevan un tiempo, para ver cómo han empezado y le transmitimos eso, siempre: que se hagan las cosas bien, que la gente funcione bien, que eso es bueno para todos y que se corran los menos riesgos posibles.

 

 

 

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