Contra las violencias

 

El otro día charlando con un amigo sobre el caso del apaleamiento de una chica a la puerta de un pub en Murcia, me sorprendió que me preguntara si era de extrema derecha – por decirlo suavemente – cuando comentaba que me parecía fatal lo sucedido. Tampoco me alarmó en exceso ya que últimamente tendemos a polarizar todas las opiniones y cuando estás a favor o en contra de cualquier asunto, en función de la ideología de tu interlocutor, o eres facha, o eres de extrema izquierda, no hay término medio.

Con respecto a este asunto, mi posición es clara, estoy en contra de todas las violencias, provengan de donde provengan. Me argumentaba entonces que fue necesaria la paliza al actuar en defensa propia. Estoy seguro de que este tipo de acciones se producen más a menudo de lo que nos pensamos entre la juventud agresiva, solo que, en este caso, al ser grabadas las imágenes, no hay margen de duda ni especulación posible. No hay que buscar excusas ni atenuantes, las leyes son claras a este respecto, si alguien te agrede físicamente o atenta contra tu honor no puedes tomarte la justicia por tu mano, debes denunciar; no obstante, el acceso a la justicia tiene un coste económico que impide tomarse en serio esa vía. En todo caso, la solución estaría en cambiar la ley, no en el ojo por ojo. Evidentemente, no se puede obviar el derecho a la legitima defensa, el problema es que la gente no cree en la justicia, hemos visto tantas incongruencias en decisiones de los jueces a este respecto…

Todo esto me trajo a la cabeza la dificultad de la izquierda en general para asumir sus errores con naturalidad. Hay acuerdo general en el rechazo al nazismo, al fascismo o al colonialismo, por citar algunos ejemplos. Sin embargo, la negación de los crímenes del comunismo o la simpatía hacía dictaduras comunistas que oprimen al pueblo, todavía en el año 2017, está a la orden del día, incluso entre cargos políticos o personas con cierta formación académica. Imagino que el fanatismo al final es más fuerte.

Este viernes estuve en una conferencia del filósofo y catedrático Francisco Jarauta, quien ha apoyado públicamente el proyecto de Podemos en Murcia, donde transmitió que hay que hablar de los Gulags y los más de 20 millones de muertos producidos entre la propia población rusa durante la dictadura comunista. También mencionó, entre gran multitud de variados temas sobre los que departió al ser una eminencia, además de derrochar conocimientos en cada frase, la revolución de octubre de 2017 en Rusia. Contrariamente a lo que se cree, este levantamiento no fue contra el zar ni la burguesía sino contra el gobierno socialista de Kerensky y así evitar que se legitimara en la próxima asamblea constituyente dado que los bolcheviques no confiaba en obtener la mayoría de apoyos. Como así efectivamente sucedió, en la asamblea constituyente obtuvieron únicamente entre el 22% y el 25% de los votos, ganaron los socialistas con entre el 57% y 62%, lo que motivó la disolución de la misma por la fuerza por parte de Lenin y sus partidarios. Ahí empezó una brutal dictadura que asoló a la población rusa durante 70 años.

Volviendo al inicio de este artículo, quiero insistir en que solo el estado está habilitado para ejercer la fuerza sobre los ciudadanos, legitimados por las leyes, y en virtud de ese pacto al que llegamos casi todas las sociedades occidentales desde hace cientos de años de no portar armas. Únicamente los cuerpos de seguridad del estado están capacitados para ello y a los ciudadanos solo nos queda confiar en la justicia y de este modo nuestra sociedad no se convierta en el salvaje oeste. Por otro lado, es importante conocer la historia para aprender de ella y, en la medida de lo posible, no cometer los mismos errores ni insistir en medidas que han terminado en fracasos estrepitosos.

 

 

 

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