Crítica de la razón poética

Primer aviso: Sí, voy a hablar de Kant para introducirnos en la poesía. Señores puretas, por favor, no me crucifiquen. Para que se asienten, Kant viene a ser el Cristiano Ronaldo de la filosofía; metódico, de horario fijo, de compostura imperial, industrial. El Messi vendría a ser Hegel: más versátil, más dialéctico en la creación, artesano, el mejor, indiscutible; por eso con él no me atrevo. Así que me lanzo a usar Crítica de la razón pura para analizar la poesía a día de hoy, no he encontrado nada más ameno. Cualquier parecido con el ensayo de IK7 es pura coincidencia.

Allá por 1781, Immanuel Kant hizo un esfuerzo para tratar de saber los límites de nuestra razón de forma que ésta sea capaz de conocerse a sí misma para ver si puede o no puede hacer una metafísica. A este movimiento por el que la razón se conoce a sí misma Kant lo llama crítica. Podemos hacer una crítica de toda la poesía que se ha realizado hasta ahora. El homólogo de Cristiano Ronaldo divide el ensayo en varios puntos a debatir.

La estética trascendental que tiene que ver con el conocimiento de las formas a priori de la sensibilidad y con las condiciones de posibilidad de la matemática, las matemáticas como ciencia están constituidas como forma a priori de la sensibilidad. Pero la matemática del verso ya la destruyó Walt Whitman y nos liberó de todo ello. Otro genio, Ezra Pound1, usó la navaja de Ockham (En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable) para apricarla en los versos. Se condensa en la sencillez de los versos y de los mensajes que se envían, pero su hoja es de doble filo, a veces lo que se expresa cae en tantos tópicos y en tanta banalidad que la catarsis creada en el receptor puede ser parecida a una canción de Don Omar. Por eso pasamos al siguiente punto: la analítica.

La analítica: A la materia (el verso) que nos viene a través de la sensibilidad, para poder comprenderla le adjudicamos un concepto (algo que hemos sentido) según Kant, y el concepto lo ponemos en un juicio (cómo nos hemos sentido por ello). Sólo conocemos cuando la sensibilidad y el entendimiento funcionan conjuntamente, de aquí la frase de Kant que dice: “las intuiciones sin conceptos son ciegas, los conceptos sin las intuiciones están vacías”. Si algo nos gusta del arte es que nos destroce por dentro, que remueva nuestras pasiones más recónditas, que haga de nuestro cerebro un saco de boxeo. La forma pura de la sensibilidad interna, es decir, de los estados internos del sujeto es sólo el tiempo. Lo que hemos experimentado y lo que queremos experimentar.

Si viviésemos según los imperativos categóricos, el arte se hubiese desarrollado tal y como lo conocemos. Quizás ni existiría. Cuando la Razón actúa de este modo incontrolado acabará pensando en los objetos tradicionales de la metafísica: el alma, el mundo como totalidad y Dios. Kant creyó que este uso de la razón —al que denomina dialéctico— es inadecuado y da lugar a sofismas y contradicciones. Pero Walt Whitman dio un paso al abismo:

“¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes)”.

 

1

La aparición de estos rostros en la multitud;
Pétalos en una rama oscura y húmeda.

En una estación de metro, 1913

 

 

 

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