Diego J. García Molina analiza la inmigración

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Ayuda sincera al desarrollo de África

Ignoro si en el momento de la publicación de este artículo por fin se habrá resuelto la dramática situación del barco de la organización no gubernamental Open Arms; si habrán transigido los dirigentes de esta organización desembarcando las personas recogidas en el mar en el puerto seguro que ofrece Túnez o si continuarán con su presión a la Unión Europea exigiendo su desembarco en este territorio. Lo que está claro es que los pobres inmigrantes que iniciaron su travesía pagando un dineral a las mafias que trafican con personas vuelven a ser las víctimas de esta situación, nadie nunca les tiene en cuenta.

En efecto, asistimos en directo a una guerra soterrada en la que están enfrascadas las redes de trata de personas con la ayuda de estos barcos que recogen, de forma concertada, a “sus clientes”, por un lado, y los países europeos, por otro. Nadie puede negar hoy día la complicidad entre ambas organizaciones: aparece reflejada en informes de la Comisión Europea y de la ONU, el ministro de Interior francés dio una rueda de prensa aportando datos, y ellos ya no lo niegan. Además de que se ve en los radares como los barcos de las ONG’s se dirigen en línea recta, de noche, directamente hacia las lanchas con personas, muchas de las cuales ni siquiera saben nadar, amenazadas por este mar que no tendrá compasión en caso de infortunio. A veces incluso se adentran en aguas territoriales de Libia para cumplir su cometido.

No tengo claro, pues solo lo sabrán ellos, si sus motivaciones son económicas, realmente altruistas, desestabilizadoras o simplemente quieren poner el foco mediático en una situación que al final se volverá insostenible. Insostenible en el sentido de que la presión migratoria no cejará mientras se mantenga la situación de desigualdad existente entre los países desarrollados y los del tercer mundo. Hoy día las televisiones muestran nuestra riqueza desbordante, el lujo, las excentricidades, la privilegiada situación, en definitiva, en la que nos encontramos; la facilidad de las comunicaciones hace que una persona se pueda poner en contacto con un conocido o familiar en Europa al instante; los desplazamientos que antiguamente costaban semanas o meses, hoy día pueden efectuarse en pocos días. Todo ha cambiado.

Es indudable que seguirán intentando venir. No solo los refugiados por conflictos, dictaduras, o guerras, sino también personas que simplemente buscan un futuro mejor. Ante un futuro de hambre y miseria, o una vida en permanente amenaza por violencia, corrupción o milicias armadas, aventurar la vida en una travesía incierta es para muchos la única salida lógica, un sueño de Esperanza al que agarrarse. También es poco discutible que es imposible acoger el flujo migratorio que se dirige hacia los países más desarrollados; se estima que un millón de personas están en las costas libias esperando una oportunidad para cruzar el Mediterráneo y otros varios millones se prepara para iniciar el viaje desde los países subsaharianos. Todos estos hombres y mujeres se merecen la oportunidad de una vida mejor. No quiero que se me tache de ingenuo, pero no podemos cerrar los ojos a la situación en la que se encuentran, se vulneran a diario los derechos humanos y el respeto a la vida es inexistente. Un reportaje de Rubén Pulido en la revista Xlsemanal, quien se desplazó a Libia para conocer de primera mano la situación, es realmente espeluznante.

Hace un par de días mencionaba Antonio Banderas que es necesario un plan Marshall para este continente, una estrategia como el que reconstruyó Europa tras la segunda guerra mundial. Opino que no pudo estar más acertado el actor malagueño con esta propuesta. Hace aproximadamente un año, en un artículo en este mismo periódico, sugería una opción por el estilo. El hombre ha aprendido a multiplicar la riqueza y a reducir la pobreza de forma exponencial, la ganancia de unos no supone la pérdida de otros. El rendimiento que se obtiene de las tierras de cultivo es cada vez mayor, las previsiones malthusianas se han demostrado falsas.

Es posible ayudar a alcanzar un nivel de desarrollo, acorde al siglo en el que nos encontramos, a muchos países africanos, aunque para ello debieran implicarse organizaciones supranacionales como las Naciones Unidas o la propia Unión Europea. Reforzar la seguridad con cascos azules y ayudar, de forma controlada, a sus fuerzas de seguridad es un requisito imprescindible, aunque se tache de intervencionismo. No obstante, cuando lees noticias como que empresas británicas han estado financiando guerrillas con el objetivo de debilitar gobiernos y de ese modo poder acceder a recursos naturales situados en bosques y selvas protegidas, se te cae el ánimo a los pies. Da por pensar que hay alicientes para que África no escape de la situación de subdesarrollo actual. Está a nuestro alcance una solución de este estilo, es este uno de los motivos principales por lo que existen las Naciones Unidas; los gobiernos de España, Italia, Francia, Grecia, son los primeros que tienen que presionar. Estoy seguro de que la mayoría de estas personas preferirían poder alcanzar un nivel económico y de seguridad en sus propios países antes que jugársela en una lotería donde perder puede significar la muerte o una vida de miseria, al margen de la sociedad, en la rica Europa. Mientras tanto el gobierno de España…

 

 

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