Diego J. García Molina prosigue analizando las elecciones

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Más elecciones II

En el artículo anterior hablábamos, entre otras particularidades, del oportunismo de Pedro Sanchez al convocar elecciones apenas un mes antes de la triple cita electoral de mayo con europeas, autonómicas y municipales. En esta ocasión quiero centrarme en el otro extremo ideológico, Partido Popular y Vox.

Vox es un partido que concurrió a las elecciones de hace 4 años con total irrelevancia; sin embargo, el trabajo incansable realizado por sus dirigentes y la decepción de sus votantes en que ha devenido el desempeño del Partido Popular tras una legislatura de gobierno con mayoría absoluta y otra para el olvido ha contribuido a su ascenso imparable; no en vano, algunas encuestas les sitúan disputándole la preeminencia de la derecha con el mismo PP.

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que el líder de este partido, Santiago Abascal, fue miembro destacado del PP vasco, si bien la actitud de su partido frente al terrorismo de ETA del que fue víctima le llevó a abandonar esta formación y crear su propio partido político. Se podría decir que es un partido ideológicamente similar al Partido Popular, de hecho, una parte del éxito del Vox ha sido defender sin complejos todas las causas que el PP había abandonado, dejando a sus votantes más fieles en la estacada. Quiero recordar que los 4 años de mayoría absoluta el PP, donde pudo legislar a su antojo, terminaron con una pérdida de 4 millones de votos, muchos votos si finalmente recalan en el partido de Abascal.

Hasta aquí mi interpretación de los hechos que han llevado a Vox al estado actual: renuncia ideológica del Partido Popular recogida por Vox, y defendida sin complejos frente a las críticas y descalificaciones. Pero hay otros factores que no se pueden obviar; por poner un ejemplo significativo las declaraciones ridículas de una ministra socialista acusando a Vox de ser extrema, extrema derecha y otros ataques al electorado natural conservador. Al final son declaraciones y actos contraproducentes que lo único que consiguen es reforzar el mensaje que lanzan desde esta formación. A este partido se le define como extrema derecha por sus adversarios y centrales mediáticas afines, no obstante, recordemos que hasta hace 2 días también se catalogaba como extrema derecha a PP e incluso a Ciudadanos.

El punto más preocupante del ascenso de este partido no es, como se quiere hacer creer, que sea de extrema derecha, u otras etiquetas que no dejan de ser eso, etiquetas, sino su ideario y su forma de conectar con el electorado. No nos engañemos, Vox es un partido populista y demagógico. Tienen muy estudiada la forma de hacer política moderna y al igual que hizo Podemos en su momento (los extremos se parecen más de lo que imaginamos) se centran en lanzar mensajes simples pero efectivos, consignas fáciles de aprender y repetir que calan en su objetivo. Propuestas poco concretas en su mayoría, difíciles, cuando no imposibles, de conseguir llevar a cabo. Por exponer algún caso concreto: “dar prioridad a españoles en oposiciones, rebaja radical del IRPF, eliminación de 82.000 cargos políticos…”.  La política de verdad, la posibilista, la centrada en el servicio público con propuestas serias y razonadas a este paso va a ser historia. Al final, la irresponsabilidad de los políticos estos últimos años ha propiciado el surgimiento de populismos tanto de derechas como de izquierdas.

En la izquierda parece que el peligro ha pasado con respecto a Podemos, aunque una de las causas de su hundimiento haya sido la asunción de sus propuestas más extremistas por parte del PSOE (no sé qué es peor). Mientras en la izquierda siempre ha coexistido de forma natural un partido dominante, como ha sido el PSOE, y otro con un techo de crecimiento limitado por su extremismo como fue Izquierda Unida y ahora es Unidos Podemos, me da la sensación de que en la otra orilla la lucha va a ser fratricida, a muerte, solo podrá quedar uno, porque al fin y al cabo son lo mismo, una moneda con la misma cara en ambos lados. No, no soy optimista.

 

 

 

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