Editorial

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EL DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES

Ayer se celebraba el Día Internacional de los Trabajadores. Un clásico día reivindicativo que en los últimos tiempos ha venido a menos, debido en parte al desprestigio de los sindicatos y al acomodamiento de la clase obrera. Precisamente en una época en la que debería estar más en boga que nunca. La crisis o estafa, atribúyale usted el sustantivo que desee, ha traído consecuencias para el conjunto de los trabajadores. La principal sería una destrucción de empleo como no se había visto desde hacía décadas; la derivada, la modificación de las relaciones laborales en España: es decir, la reforma laboral.

Los expertos del gobierno central, ante la incapacidad para evitar la destrucción de empleo, abogaron por elaborar una ley restrictiva de los derechos de los trabajadores con el beneplácito implícito de los sindicatos, que no realizaron una oposición y movilización eficiente. Además de estar acomodados en sus poltronas e implicados también en casos de corrupción, como los casos de los ERES de Andalucía y las célebres tarjetas ‘black’. Habían perdido la perspectiva de clase que les había aupado a esa posición privilegiada de la que disfrutaban. El resultado de semejante política iba a ser obvio: reducción de los derechos laborales y precarización del empleo. Al principio no se consiguió reducir la sangría destructiva de empleos y solo se logró un notable incremento de la parcialidad y un descenso de la capacidad adquisitiva de los trabajadores. El resultado es conocido: los platos rotos los pagaron los de siempre. De hecho, todos los informes, de la CE e internacionales, apuntan en la misma línea: durante la recesión creció la desigualdad social (aumentado el índice de pobreza y concentrándose la riqueza en menos manos).

Este día que se conmemoraba ayer podría calificarse como el de ‘Los Inocentes’ en la medida en que son inocentes los que sufren las consecuencias y también lo son por creer que limitándose a la manifestación de un único día se resolverán los problemas que hay que combatir con el día a día. En el colectivo imaginario social se está llegando a la indeseable normalización de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios.

El Partido Popular gozó durante la legislatura anterior de mayoría absoluta (porque así lo desearon los españoles, no hay que olvidarlo). La mayoría de la población votó por el cambio que supondría la salida de Zapatero y la llegada de Rajoy. España, por desgracia, es un país en el predominan las PYMES y los autónomos y no las grandes empresas y multinacionales, este es un déficit de nuestro tejido empresarial. Entonces, si los populares tenían el apoyo mayoritario de la población, ¿por qué gobernaron para una minoría en lugar de para la mayoría? ¿No es este el criterio básico de cualquier democracia?

Porque esto fue en realidad lo que se hizo con la reforma laboral: gobernar para una minoría. Pues no se pensó en la mayoría de los trabajadores, de las PYMES y de los autónomos (ser autónomo en España es una profesión de riesgo sin ninguna facilidad para los emprendedores). Ahora, sin embargo, salen a la luz nuevos informes que especifican que se está llegando a similar nivel del PIB que en los años anteriores a la recesión. Aunque traten de positivar estos datos, ¿de qué nos sirve la macroeconomía si la microeconomía (la de las familias, la del día a día) sigue estando estancada? Únicamente es un reflejo de que la desigualdad se ha instalado en España. Que le vaya bien a las empresas del IBEX 35 sería una buena señal si repercutiera en el conjunto de la sociedad, si no existieran opacas cuentas en Suiza o en paraísos fiscales y si estas empresas tributaran proporcionalmente como el resto de trabajadores, PYMES y autónomos.

Como apuntábamos, la reivindicación de los trabajadores no se debe limitar a tan señalada fecha sino que debe llevarse a cabo en el día a día. Así, se reivindica el 1 de Mayo para no tener un 2 de Mayo, que de los últimos ya hemos tenido demasiados en España. Mientras tanto, los trabajadores siguen durmiendo el sueño de los justos…o el de los inocentes.

 

 

 

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