El compromiso y el contrato social según Pepe Belló

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El espíritu del compromiso

Todos los grandes magnates son marxistas, seguramente tengan como libro de cabecera El Capital y se saben de pe a pa lo que es la lucha de clases. Es la mejor herramienta para comprender el viejo mundo y formar el nuevo. Y han creado al materialismo en un siervo de la cultura tradicional. El propio Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo aseguró que la lucha de clases existía, y que la suya iba ganando. El materialismo ha entrado en nuestra forma de entender la vida, porque queremos transcender después de la muerte, llenarnos de acciones casi que obliguen a la gente que se quede a recordarnos. Pero no es algo que expresemos en nuestros actos colectivos, ya que no hacemos por conservar un mundo en el que se nos pueda recordar.

El contrato social de la derecha se sostiene a base de tradiciones, folklore y conservadurismo, el de la izquierda a través de la colectividad y el cambio social. Pueden parecer dos posturas que chocan entre sí, pero a la vez son ideologías que tarde o temprano darán paso a otras. Debemos ver la construcción de país como un contrato que hemos generado entre todas las personas que lo habitamos, las leyes, la cultura y todo lo que nos junta no es si no nuestra forma de relacionarnos y de entender nuestra sociedad. El sistema de estado-nación está en declive, ya muy poca gente ve aquí una unión real o tiene confianza en un gobierno, porque no tienen el poder real, lo que hace que nuestra democracia tampoco lo tenga.

Estos grandes magnates que tan bien han entendido la polaridad y los mecanismos de control dirigen las empresas que se sitúan por encima de todo, y los tratados de libre comercio son una buena muestra de darles el poder que quieren otorgar. Por eso, una de las mayores críticas de la extrema derecha hacia la izquierda es la influencia de George Soros, otro magnate que destina millones a campañas políticas.

Hay que ser realmente ingenuo para creer en la diatriba de que existen buenos y malos, todo es conflicto y choque de intereses. Esta dualidad siempre la ha sostenido el catolicismo, que cae en una serie de contradicciones que teóricamente podrían sostenerse, pero son imposibles de catalizar en la realidad, y los principales impulsores de esta doctrina parecen marcar más como corolario de su ideología el que dios perdona todos nuestros pecados, que las múltiples enseñanzas de Jesús, como amarse los unos a los otros, no juzgar si no a los pecadores y que antes pasa un camello por el ojo de una aguja que un rico entra en el reino de los cielos. Han tomado como referencia una indiferencia absoluta por el propósito moral, algo que podría acercar posturas en el entendimiento que tenemos como sociedad.

 

 

 

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