El ‘Crimen Horroroso’ de la Cieza de 1899

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A finales de siglo XIX ‘Pintao Moruza’ era acusado de disparar “a bocajarro”  a ‘El Chaparro’

Miriam Salinas Guirao

El 21 de julio de 1899 era viernes. Como cualquier mes de verano en Cieza el calor apretaba y los quehaceres y trabajos se acompañaban con el sudor y el olor húmedo de la tierra de ribera.

A las 19:30 horas de la tarde de aquel viernes se presentó en el juzgado de instrucción de Cieza el vecino Antonio Segura Ortiz  ‘El Pré’, asegurando, alterado y nervioso, que el guarda particular de montes José Bernal Garcia ‘Pintao Moruza’ había matado, en el paraje llamado El Malojo, al pastor José Ortega Giménez  ‘Chaparro’. De esto daba cuenta  El Heraldo de Murcia el 25 de julio, unos días después.

El diario describía lo que Antonio Segura Ortiz  ‘El Pré’ había declarado. El ciezano aseguraba que el guarda particular de montes José Bernal Garcia ‘Pintao Moruza’  le había disparado un tiro a bocajarro, a quemarropa, en el paraje El Malojo. Acto seguido comenzadas las diligencias sumariales, se encontró y levantó el cadáver en el sitio indicado, con un disparo en la frente de arma de fuego, “saliendo el proyectil por la parte superior de la cabeza vaciándole gran cantidad de masa encefálica”, según explicita El Heraldo de Murcia. De orden del juzgado se procedió a la busca y captura del sospechoso, que fue detenido en la misma noche por el inspector de vigilancia, agentes a sus órdenes y fuerza de la guardia civil. Tras su detención fue internado e incomunicado en la cárcel.

La declaración de ‘El Pré’

1. 1889 Antonio Segura Ortiz  ‘El Pré’  declaró que José Ortega Giménez  ‘Chaparro’, el asesinado, se hallaba hablando con él, cuando se acercó hasta los dos José Bernal Garcia ‘Pintao Moruza’, el sospechoso, y tocó a José Ortega en la espalda con el cañón de la carabina, y “al volver este la cabeza, le disparó a quemarropa, dejándole muerto en el acto, sin que mediara siquiera palabra alguna”. Según ‘El Pré’, y como figura en El Heraldo de Murcia, el asesino, sin preocuparse del muerto, sacó la cápsula vacía y puso otra, y dirigiéndose a ‘El Pré’, le dijo que “era menester declarar que la muerte había sido casual por habérsele disparado la carabina al mismo muerto, estando examinándola”. Antonio Segura Ortiz  ‘El Pré’ relató en su declaración que no le quedó otra opción que asentir “por temor a que le matase”, pero que luego se apresuró a denunciar el hecho al juzgado.

José Bernal Garcia ‘Pintao Moruza’, el sospechoso, manifestó a la guardia civil, según el diario,  que al difunto se lo escapó el tiro, ocasionándose el mismo la muerte.

El ‘Crimen Horroroso’ como era titulado en la noticia de 1899 escapó a la prensa regional. Desde El Heraldo de Murcia se atrevían a sentenciar: “Esperamos que el celo del juzgado instructor depure los extremos de este crimen inconcebible, que sin duda debe obedecer a causas que hoy no se conocen, pues no se concibe tanta maldad para matar por el gusto de hacerlo. El muerto que tenía 26 años, deja mujer y dos hijos; el matador de 40 años, también es casado y tiene cuatro hijos”.

La violencia a finales del siglo XIX

Según la investigación de Gutmaro Gómez Bravo ‘El declive de la violencia y el proceso de modernización en la España de la Restauración (1885-1918)’: “El uso de armas blancas y de fuego, las lesiones, el homicidio, el asesinato y otros actos violentos se sucedieron cotidianamente en el tránsito a la sociedad contemporánea. Una violencia, la interpersonal, que sigue un ritmo claramente marcado por la resolución de las rivalidades locales, vecinales y familiares. Un mundo que se enfrenta a un lento proceso de aculturación legal, marcado por la codificación y la centralización estatal y otros procesos que de forma desigual se extienden prácticamente por toda Europa. La historia de la violencia hunde sus raíces en una cultura que destaca la fuerza como símbolo del poder y del prestigio social. Basada en la perpetuación del peso del honor que exige una reparación inmediata de los agravios y no acepta mediación u arbitraje legal alguno, mantiene vivo el principio de representación social más visible en las comunidades locales”.

Ya fuera por un ajusticiamiento de cuentas o por razones de honor, José Bernal Garcia ‘Pintao Moruza’ era juzgado por homicidio ante el Tribunal del Jurado de la sección primera de la Audiencia como autor de la muerto de José Ortega Jiménez ‘Chaparro’, como aparece en Provincias de Levante, el 26 del noviembre de 1900.

El fiscal relataba el hecho de la forma siguiente: “En la tarde del día 21 de Julio de 1899, y en el sitio llamado ‘Malojo’, del término municipal de Cieza, se encontraba José Ortega Jiménez  ‘Chaparro’, y Antonio Segura Ortiz ‘El Pré’, guardando ganado. Como varias de las reses cabrías se introdujeran en un olivar y las viese el guarda montes José Bernal García, se dirigió al sitio en donde se encontraba el Ortega, y alcanzándole le hizo un disparo con una escopeta que llevaba, penetrándole el proyectil en la cabeza y produciéndole una herida que le produjo la muerte casi instantáneamente”. El Fiscal, en su escrito de conclusiones provisionales, calificó el hecho referido de “un delito de homicidio, del cual era autor el procesado José Bernal García”. Solicitaba que se le impusiera la pena de dieciséis años de reclusión temporal, accesorias, costas y mil quinientas pesetas de indemnización a los herederos del interfecto.

La defensa del procesado, encomendada al letrado Ramos de la Reguera, negó que su patrocinado hiciera disparo alguno a Ortega y solicitó la absolución.

La palabra del sospechoso

El procesado relató, como apareció en la publicación, “que estuvo en el empleo de guarda particular jurado muy poco tiempo en el monte de esparto, del cual era rematante  Juan López Gil y que con el interfecto no tuvo ninguna cuestión antes de ocurrir el suceso; que en la tarde del día veintiuno de julio del noventa y nueve, llegaron con un guardia a donde él se encontraba, José Ortega Jiménez y un individuo llamado Antonio Segura Ortiz, entendido por ‘el tonto Prets’ y se pusieron a fumar. Al poco, el Ortega cogió la carabina que el declarante se había dejado en el suelo, marchándose a muy poca distancia y a los pocos momentos oyó un disparo, dirigiéndose hacia donde sonó la detonación y vio al Ortega en el suelo bañado en sangre. Después de ocurrir esto, se marchó a casa de su amo, a fin de comunicar lo ocurrido y al regresar por el pueblo oyó decir que el Antonio Segura lo acusaba de haber dado muerte al Ortega; que no tenía enemistad con el Ortega y con el Segura”.

Antonio Segura Ortiz -mencionado aquí como ‘el tonto Prets’, ‘El Pré’ en la otra información-, dijo “que estuvo con el interfecto en dónde ocurrió el hecho y se pusieron a comer, en cuyo momento se desviaron algunas cabras y entonces el procesado, cogió la carabina y dirigiéndose al Ortega le hizo un disparo que le produjo la muerte acto continuo; que después trató el procesado de convencerle a fin de que declarara que al Ortega se le había disparado la carabina”.

El veredicto

Según Las Provincias de Levante, el fiscal y la defensa sostuvieron sus conclusiones, pronunciando dos buenos informes. Tras esto el presidente hizo el resumen del juicio, retirándose el jurado a deliberar.  El veredicto del jurado no se hizo esperar. La sala escuchó el resultado final del ‘crimen horroroso’. José Bernal García, Pintao Moruza’, era declarado culpable, y el tribunal condenó al procesado a la pena de quince años, ocho meses y veintiún días de prisión correccional, accesorias, costas y 1500 pesetas de indemnización a los herederos del interfecto.

 

 

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