El Tiro Nacional, la asociación ciezana que aglutinó a la flor y nata de la localidad

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         Retrato de Benito López Ruano, miembro de la asociación ciezana, sentado en una silla mientras un hombre a su lado sujeta una sábana a modo de telón de fondo. Archivo General de la Región de Murcia

La organización que se propuso reverdecer la cultura de las armas y el patriotismo tras el desastre del 98, a comienzos del siglo XX

Miriam Salinas Guirao

En ‘Las asociaciones de la Región de Murcia (1887-1902): fuentes documentales de Gobierno en el Archivo Histórico Provincial’ de Vicente Montojo se refleja la vida de la asociación ‘El Tiro Nacional’ de Cieza: del 26 de marzo de 1901 al 9 de agosto de 1909. Pero comencemos por el principio.

Con fecha 22 de junio de 1900, el ministro de la Gobernación pasó la Real orden al subsecretario, quien la trasladó al presidente de la Comisión Ejecutiva del Tiro Nacional. Estos primeros estatutos generales de la Sociedad del Tiro Nacional constaban de sesenta y dos artículos. El primero de ellos decía así:  “La Sociedad de Tiro nacional, tendrá por único y exclusivo objeto, extender en el pueblo español la afición al  tiro de guerra y sus similares, así como la instrucción en los mismos, por cuantos medios legales tenga a su alcance, y para el caso de que sea necesario defender a la patria”. (Tiro Nacional: preparación para la Guerra de Manuel Hernández Vázquez y Diana Belén Ruiz Vicente).

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Reverdecer laureles

A comienzos del siglo veinte se mascaban las pérdidas de los territorios de ultramar, y con ello, se volvía la miraba al ejército por sus actuaciones en Cuba y Filipinas. Los quintos, los hombres que mandaban al frente – los que pudieron volver- veían a su regreso un siglo nuevo después de las tragedias. Un siglo que traía las mismas ruinas y otras nuevas. Los que venían de luchar acarreaban el recuerdo de miles de muertos que perecieron en el frente. El clima popular se sentía castigado y en guardia, cansado de aportar vidas por la lucha “de la patria”, pero desde una postura más privilegiada se estimulaba el asociacionismo para reverdecer el sentimiento nacionalista a través del fuego.

“A finales del siglo XIX, ya existían en España clubes que promovían la práctica del tiro, al igual que en otros países europeos, pero no fue hasta el año 1900 cuando la formación de un Sociedad de carácter nacional tuvo lugar. Numerosas personas ilustres, tanto del mundo civil como del militar, apoyaron desde el principio la idea de la creación y ocuparon alto cargos directivos. Las premisas que se plantearon para que la Sociedad fuera respaldada por la clase política fueron principalmente los beneficios de esta práctica. El tiro era un ejercicio higiénico, propio de todas las clases sociales, así como muy práctico para la defensa nacional. Este último aspecto era muy interesante para la preparación de soldados y civiles para los posibles conflictos armados. Tras la pérdida de las últimas colonias se buscaban soluciones para la formación de un buen ejército. Una de ellas fue formar al mayor número de ciudadanos en el deporte del tiro para intentar mejorar la defensa de la patria.  La Sociedad obedecía a un fin patriótico, por lo que todos los españoles debían tener el mismo interés y prestar colaboración, en la medida de sus posibilidades” (Tiro Nacional: preparación para la Guerra de Manuel Hernández Vázquez y Diana Belén Ruiz Vicente).

Comerciantes, propietarios y militares

Mil novecientos uno agitaba la idea de una asociación de tiro. A comienzos de enero aparecía en prensa los encuentros y reuniones que se estaban gestando para constituir el grupo local. Tan solo transcurridos unos días de febrero, Las Provincias del Levante  daban cuenta de la formación de El Tiro Nacional. La junta de propaganda y organización de la Representación local de la Sociedad Tiro Nacional, quedaba constituida de la siguiente forma: la presidencia recaía sobre Juan Yarza Marín, propietario, la vicepresidencia era compartida entre Luis Torrecilla del Puerto, teniente coronel del batallón de reserva; Antonio Marín Oliver, propietario; Joaquín Rovira, registrador de la propiedad y Juan Avellaneda Mino, perito agrimensor.

El tesorero era Mariano Marín Blázquez, propietario y alcalde primero de la villa, el contador, Severino Durá, comerciante.

Había cuatro secretarios: Lorenzo Linares, director de La Voz de Cieza, Miguel Crespo, capitán de reserva, Ricardo Oliver, abogado y procurador y Salomé García, segundo teniente de la escala de reserva.

Los vocales eran: Pascual Marín González, abogado; Evaristo Fernández, propietario; Luis Anaya, comerciante; Mariano Carrillo, capitán retirado y propietario (y en otras informaciones  comandante); Pedro González, abogado y notario público; Francisco Jaén Talón, propietario; Miguel Amoraga, industrial; Félix Templado, médico; Diego Martínez Pareja, abogado; Francisco Talón Marín, propietario; Juan Semitiel, industrial; Federico Escobar, capitán; Cristobal García, maestro público; Miguel Melgares, procurador; Rafael González, propietario; Victoriano García Toboso, capitán; Antonio Carreño, telegrafista; Benito López Ruano, propietario; José Amorós, comerciante y Alfredo Marín Cantó, 2º teniente.

La comisión encargada de la busca y estudio de local adecuado para establecer el Polígono lo formaron los vicepresidentes asociados: Francisco Talón,  Rafael González,  Juan Semitiel, Mariano Carrillo y Federico Escobar. El reglamento lo redactarían los secretarios y Pascual Marín González, secretario del Ayuntamiento.  Los locales se situaban en “El Búho”, o en el “Rincón de Mula”. Para delegado de la Representación en la Junta Central se nombró a propuesta de Torrecilla, y por unanimidad, al teniente Manuel Ocon Pinilla.

También se barajaban otros miembros para la ejecutiva, de peso influyente en la vida ciezana: José Yarza y Pascual Ruiz presbíteros, Álvaro Biedma, médico, José Pérez Mérida, farmacéutico, Sinforiano García, propietario, José Navarro, contador municipal, Manuel Palacios, comandante retirado, Mariano Caballero,  Juan Lozano y José Salmerón Rojas, industriales.

El 20 de marzo de 1901 en Las Provincias de Levante se daba cuenta del cobro de los recibos de las cuotas a los individuos que formaban parte de la Sociedad del Tiro Nacional, cuyo importe se sumaría al del mes siguiente para  hacer frente a las primeras obras en el polígono. En la noticia  se aseguraba que “cada día” se inscribían nuevos socios y se esperaba con ansia el día en el que comenzara la práctica del tiro, que sería en Cieza un grato acontecimiento. “Vemos con satisfacción, que tan patriótica institución gana cada día nuevos adeptos, propagándose rápidamente por toda España”. Y siguiendo con lo proclamado, en abril la asociación de Cieza se hacía con el segundo puesto del concurso de tiro celebrado en Murcia.

A final de abril se nombraban socios honorarios Joaquín Beltrán y Asensio, obispo de Ávila y esclarecido hijo de esta villa, el diputado a Cortes por este distrito; los diputados provinciales y los jefes reconocidos de los diferentes partidos políticos.

Como marca ‘Las asociaciones de la Región de Murcia (1887-1902): fuentes documentales de Gobierno en el Archivo Histórico Provincial’ de Vicente Montojo el 9 de agosto de 1909, acababa la vida de la asociación, aunque a nivel nacional el empuje perduró.

 

 

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