Esto toca a su fin

Antonio-Balsalobre-cronicas-siyasaEl empecinamiento de Puigdemont por volver a presidir la Generalitat de Cataluña es tan vacuo e inútil como el de Cristina Cifuentes por querer mantenerse a toda costa al frente de la Comunidad de Madrid. En uno y otro caso, la suerte parece estar echada y no tendría nada de extraño que en los próximos días el sillón presidencial de la Puerta del Sol estuviera tan vacante, a la espera de un nuevo inquilino, como lo está el de la Plaza Sant Jaume desde hace meses.

La rocambolesca huida a Bélgica del expresident, tras negarse a convocar elecciones anticipadas y proclamar (o no, que eso nunca lo sabremos) una surrealista república catalana, tiene los días contados. Y se acaba de la peor forma posible para él: dando con sus huesos en una cárcel alemana. En un país que, a diferencia de Bélgica, sí contempla el delito por el que le pueden caer más años de presidio: el de sedición. No sólo la confianza mata al hombre sino también la obcecación y la chulería, y a Puigdemont lo han perdido las tres. Y más que ninguna, la última.

Cifuentes tampoco anda falta de chulería. Lleva atrincherada, oculta, más de una semana, desde que eldiario.es revelara una presunta falsificación de sus notas de máster en la universidad Juan Carlos, pero no le falta osadía para grabar y difundir un vídeo en el que con sorna y cinismo advierte arrastrando la voz: “Así que a los que queréis que me vaya… no me voy… me quedo. Me voy a quedar, voy a seguir siendo vuestra presidenta”.

Pinta mal, muy mal, ese máster conseguido, según todos los indicios, fraudulentamente, con notas rectificadas a posteriori, sin respetar los procedimientos reglamentarios. Por el desprestigio que supone para cierta clase política, pero también, y sobre todo, para una universidad que tiene a un rector recién dimitido por plagio, y por extensión, a toda la universidad pública cuyo ganado prestigio no puede ser tirado por tierra por estos salteadores de títulos. No parece muy coherente que Cifuentes dijera primero que se había dejado una asignatura y el trabajo fin de máster hasta el año 2014, y que ahora afirme que presentó ese trabajo final el 2 de julio de 2012. El mismo día que como delegada del Gobierno tuvo que estar al frente del dispositivo de seguridad desplegado para la celebración en Madrid por la vuelta de la selección española de fútbol tras ganar la Eurocopa.

El pleno del Parlament para defender a Puigdemont –aún estamos en esas- se celebró el pasado miércoles. El que el PP se verá obligado a convocar para defender a Cifuentes está al caer. La competencia entre Madrid y Barcelona, como vemos, va más allá del terreno de juego. El catalán y la madrileña parecen competir por mostrar quién desprestigia más el cargo que ocupa.

Al expresidente huido y estrambótico le ha salido, desde luego, una seria competidora: la no menos estrambótica y correosa ex (futura inmediata) presidenta de la Comunidad de Madrid. Ambos son, por lo que parece, expertos en imposturas. El primero no ha dudado en falsear la historia colectiva, la realidad, el sentido común; la segunda, su propia historia personal y sus méritos. Puigdemont deberá permanecer en prisión hasta que Alemania resuelva su casi segura extradición. Cifuentes compareció en plasma, antes de irse de vacaciones, para anunciar, sin aportar ninguna prueba nueva, que se querellará contra los periodistas que publicaron la polémica de su máster.

En ambos casos, esto parece tocar a su fin.

 

 

 

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