Individualismo en red versus estrategia

En la actualidad, debido a las nuevas tecnologías y al avance en dicha materia, nos encontramos en una tesitura en la que la inmediatez está a la orden del día, ya sea en la respuesta de otras personas, en la llegada de una compra, o en la reparación de cualquier artículo. Esto ha propiciado que nos hayamos acostumbrado a obtener cuanto antes lo que vamos buscando, y nuestra capacidad de espera se está volviendo nula, y al impacientarnos de tal manera, nuestra impulsividad es mayor. A la vez que necesitamos una respuesta más inmediata, debemos ofrecer lo mismo, para obtener un resultado directo. Quizás esto es lo que fuerza a que no lleguemos a tener una conexión profunda con nada que nos rodee, desechamos a la mínima de cambio cualquier situación, persona u objeto que no nos haga sentir totalmente confortable. Es algo paradójico que cuanto más se incrementa la unión material directa con todo, esa rapidez de respuesta, se va disminuyendo la conexión real con todo, y el aprecio hacia cualquier cosa se pierde entre toda esta impulsividad. No importa si se rompe algo cercano, lo podemos cambiar sin ningún tipo de esfuerzo, ya sea una relación, un objeto, etc.

El individualismo en la red, esa disputa directa con la comunidad, con la capacidad de lucha real. Podríamos entederlo de esta forma, que es la más comprensible, la menos intrínseca. Es cierto que ha aparecido un postureo de redes que construye reivindicaciones virtuales que parece que no generan tejido, entramado social. Sin embargo, se abren nuevas oportunidades de gestión, de llegar con amplitud a recovecos y márgenes imposibles de cualquier otra manera. Por grupos de Facebook, por ejemplo, puedes entrar en contacto con personas de todo el mundo con tus mismas inquietudes, que unifica realidades lejanas y solitarias que no se sentirían con fuerza de empuje.

Pero los sentimientos es algo que no entra dentro de todo este campo magnético que atrae la falta de sosiego y apreciación de las cosas, quizás por eso huimos de lo que nos puede fomentar eso, por el miedo a no poder descambiarlo con la facilidad a la que estamos familiarizados en estos tiempos de objetivización y materialismo del alma. Se pierden referentes en la comunidad, todo se difumina. La sociedad líquida de Bauman, indispensable para entendernos.

Es cierto que todavía queda comprender este nuevo e imparable estilo de comunicación entre los seres humanos, pero es así, imparable. Si no somos los primeros en aprender a crear fuerza en esos vínculos débiles y superficiales, nos volverán a echar el brazo por encima. Vamos a seguir conquistando terrenos, descentralizando el campo de batalla, diseñar la estrategia que no pare, solo para rescatar a compañía herida. Por lo que fueron, somos. Por lo que somos, serán.

 

 

 

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