Juan Antonio Ortiz Bermejo, el Maleno de Cieza

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El conocido personaje local se vio en vuelto entre el crimen, el robo y la falsificación de billetes

Miriam Salinas Guirao

De su fotografía: rostro altanero, altivo, mirada fija, firme, serena; entre su pelo negro y su mentón seguro, se percibe un hombre con fuerza, con ímpetu, de labios finos. Debajo de unas cejas diferenciadas aparecen dos ojos casi cerrados, con mirada baja pero mantenida. ¿Qué vieron aquellos ojos?

Escuché los hechos ocurridos en aquella calle ciezana siendo bien pequeña. Aquellos que hablaban del asesinato de Piedad Ortega Moya y su bebé, Pascual Zamorano Ortega. Pero no, la historia de Juan Antonio Ortiz Bermejo, el Maleno, no acaban ahí.

El robo

El 20 de abril de 1896, Las Provincias de Levante daban cuenta de una causa contra Juan Antonio Ortiz, por el delito de hurto. Fue condenado a dos meses y un día de arresto mayor y el pago a Rodríguez Mérida de 17 pesetas y 25 céntimos. Esto ocurría cuando el Maleno no alcanzaba los treinta. Él era jornalero, como muchísimos entonces.

La falsificación

El investigador Ricardo Montes Bernárdez lo relaciona ya en esas fechas con los actos delictivos. En este caso con la fabricación de billetes falsos de 25 pesetas; lo inserta junto a los nombres de Antonio García Torres, el Cajas, Ricardo Gómez Gómez, el Jara,  y Félix Carrasco Vargas, el Colorao. Pasados 6 años ya resuenan como miembros de la banda del “bandolero hermafrodita” Encarnación Pascual Buitrago, detenida en 1902. Un año antes, el frío del 25 de enero era más cálido que el sentimiento congelado de los ciezanos. Piedad Ortega, que rondaba las cuatro décadas, amanecía brutalmente asesinada junto a su pequeño de apenas dos años, en un casa, de dos plantas, ya borrada, la número 31 de la calle Presbítero Marcos.

Tuvieron que pasar tres años hasta la celebración del juicio, en febrero de 1904. La prensa nacional se hizo eco. El bullicio era tal que el pueblo se sintió parte indispensable de las consideraciones de la justicia, celebrándose en Cieza; la Sala primera de la Audiencia Provincial, compuesta por Cristóbal Girones, Agustín Bárcena, Manuel M. Puga, Timoteo Silvan y Antonio Gutiérrez, se trasladó al pueblo. “¡Mueran los criminales!, ¡Viva la justicia!”, gritaban los paisanos al paso de la Guardia Civil con los sospechosos.cieza

El asesinato

El Heraldo de Madrid mandaba un cronista a constatar el juicio, firmaba José María López. En su información López señalaba a los procesados: Juan Ortega Martínez, Chavas, Juan Antonio Ortiz Bermejo, Maleno y José Carreras García. Relataba que los procesados al obscurecer accedieron a la casa de la que fue víctima, Piedad Ortega. Se atreve el cronista a señalar que la mujer se hallaba haciendo la cena, acompañada de su niño de corta edad. En el juicio se señaló que la causa de la muerte de Piedad fue un golpe con un objeto contundente. Existen discrepancias con la familiaridad de los sospechosos con la víctima: el investigador Montes Bernárdez describe al Maleno como su familiar, pero en las informaciones de la época es el Chavas, Juan Ortega Martínez, el que aparece como su tío. En lo que no hay duda es que se conocían, al menos estos dos últimos.

El fiscal dejó con tinta en su escrito de conclusiones que los procesados se asociaron para robar, “a cuyo fin fijaron su atención en todas aquellas casas de desahogada posición social que por la edad, el sexo o el carácter retraído de las personas que las habitaban les ofrecían condiciones apropiadas para ser segura e impunemente saqueadas”, describe en su crónica el enviado del Heraldo de Madrid.

El Maleno fue prendido casi diez años antes por el robo a un Rodríguez Mérida, y al parecer, él sirvió como criado a Antonio Rodríguez Mérida, cuñado de Piedad, para quien ella servía hasta su asesinato. La imaginación del cronista describe la reunión al anochecer de los asaltantes el 25 de enero del año 1901 en la fortaleza de San Bartolomé, “juntos se dirigieron a la calle del Presbítero Marcos, y colocado convenientemente de centinela el Carreras, penetraron los otros en la casa número 31, donde vivía la Piedad; la sorprendieron en el momento en que se encontraba haciendo la cena, y golpeándola despiadadamente el cráneo con un pesado mazo de madera, que para tan brutal atentado, sin duda, llevaba el Buitrago, la hicieron caer sobre el fuego, donde falleció casi instantáneamente, que mandese, todavía en vida, todo el lado derecho del cuerpo. Cerca de la infeliz hallábase su hijo, niño de poco más de dos años, Pascual Zamorano Ortega; conocía bien este niño a su tío Juan Ortega; había jugado muchas veces con Juan Antonio Ortiz, criado de su tío Antonio Rodríguez; podía este niño hablar y acusar con claridad cuando se le interrogara sobre la muerte de su madre, y esto bastó para que decidieran el sacrificio de la inocente criatura, a quien se le golpeó tan brutalmente como a su madre y, probablemente, con el mismo instrumento, ocasionándole grandes lesiones en la cabeza, a consecuencia de las cuales falleció el día 31 del mismo mes. Y como para robar sin responsabilidad y sin compromiso se cometió tan horrible crimen, después de consumado en el piso bajo de la casa, se subieron los procesados al piso alto y, descerrajando dos arcas y violentando los cajones de una mesa bufete, con daño tasado pericialmente en la cantidad de 9,50 pesetas, sustrajeron la mayor parte del dinero que la desventurada Piedad guardaba como justísima retribución de una vida consagrada por entero al trabajo honrado, marchándose después y presentándose con pasmosa serenidad en todas punes, hasta en el teatro mismo del crimen, con el evidente propósito de preparar y utilizar coartadas que despistaran y despistaran a la Justicia”. Así describen los hechos en las informaciones que cruzaron la frontera regional. El interés provocaba que los ciezanos hicieran cola para entrar a la resolución del juicio desde las siete de la mañana en la sala municipal.4. reo indultado

El defensor del Maleno, Ricardo Oliver, declaraba que deseaba que se hiciera justicia, pero que recayera en el verdadero culpable. Para probarlo relató detalladamente lo que hizo el Maleno la tarde del crimen y, con vehemencia, recuerda que “ni el mismo Carreras” lo acusó en su declaración. “Los antecedentes malos del Maleno se reducen a unos hurtos de pan y de uvas, robos por hambre, robos de un desgraciado bracero, no de un ladrón de oficio. Hay que apartar todo lo que la fantasía ha creador alrededor del crimen y obrar con serenidad y calma para que la sociedad quede vindicada, pero que el castigo no alcance a ningún inocente”. De poco bastó la elocuencia de Oliver, tras la dilatada trayectoria del juicio se alcanzó la pena definitiva para los procesados: la de muerte.

La pena de muerte

Parecía preparado el garrote vil, pero no. En el acto de adoración de la Cruz de 1905 se indultó a Juan Antonio Ortiz Bermejo, y no solo a él. También al Chavas y a José Carreras. Según Montes Bernárdez se les conmutó la pena por la cadena perpetua. “Después de tanta barbarie, años de espera, expectación, juicios…, sólo murió Encarnación y por una enfermedad. La pena sería cumplida en la inmunda cárcel de Murcia, en un vetusto e insalubre edificio de la calle Vara de Rey, junto a otros 220 reclusos”.

De su fotografía se intuye un gesto imponente, de dubio recuerdo. El Maleno quedó grabado entre el crimen, el robo y la falsificación de billetes. ¿Qué vieron aquellos ojos?

 

 

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