La Cueva del Arco abre la puerta de la prehistoria

     Fotografía de Fran RamÍrez

ENTREVISTA

La confirmación de lo prodigioso y la inclusión: claves de la excavación en el yacimiento ciezano

Miriam Salinas Guirao

La Cueva del Arco se abre paso. Se mira de frente, rodeada de historia, encerrando secretos que no tardarán en descubrirse. Una puerta a nuestros orígenes, un rincón de ciencia.

El doctor en Prehistoria, Ignacio Martín Lerma (Universidad de Murcia), junto a Dídac Román (Universitat Jaume I) y junto al equipo de investigación han vuelto a la tierra de la Cueva del Arco. En este viaje les acompaña el Grupo GECA de Cieza, colaborador del equipo de arqueólogos, y como novedad, personas con discapacidad intelectual, dentro del proyecto de divulgación científica  ‘Arqueología y discapacidad intelectual: desenterrando prejuicios’.

Desde 2015 la Cueva del Arco ha regalado, cada septiembre, novedades científicas que han cambiado, para siempre, la prehistoria en la Región. Ahora, tras cinco años de estudio llega el momento de certificar las respuestas. “Y estamos ahora en la fase en la que vamos  entendiendo esa complejidad que guarda, que empezó con dos áreas de excavación claramente diferenciadas y que, actualmente podemos estar hablando casi de cuatro áreas de excavación diferentes”, explica el investigador, Ignacio Martín Lerma.

Tras esos cinco años se han ampliado las miras y con ello los descubrimientos y el conocimiento generado. La secuencia cronológica sigue siendo la misma desde el Neolítico hasta el Paleolítico medio (Musteriense). La amplitud cronológica ha advertido la constatación física de la presencia de los neandertales. “Cada cavidad tiene entidad propia eso qué quiere decir, comparando con las habitaciones de una casa, que no todas son iguales o han sufrido los mismos procesos sedimentológicos por lo que es como tener cuatro habitaciones diferentes y es muy interesante, a la par que complicado”.

La excavación se vio dividida por la DANA, que a pesar de los presagios no ha imposibilitado la actividad científica. En palabras de Ignacio, ha sido una excavación “muy provechosa”: “Necesito cerrar ese primer ciclo; cumplir objetivos que es lo que me tengo que proponer como científico que soy. El objetivo principal ha sido: entender la Cueva del Arco. Hemos tenido, por un lado, los momentos de emoción, de estar enamorado de la cueva, y todo lo que descubríamos era maravilloso. Luego, se vuelve  más complicado y te das cuenta de que tienes entre manos un yacimiento difícil no por ello menos emocionante”.

Imagen de Fran Ramírez

El lugar excepcional de la prehistoria

Con respecto a los materiales que han aparecido, el arqueólogo explica que siguen la  tónica general de las pasadas excavaciones, que perfilaban un recoveco mágico, como una suerte de santuario prehistórico: “Esta vez confirmo que es un yacimiento especial, lo digo porque es un yacimiento que no tiene los elementos arqueológicos que se encuentran en otras cuevas de este periodo. Me refiero a los materiales que un grupo de cazadores recolectores deja cuando se ponen a habitar una cavidad. En estos casos surgen miles y miles de restos, por las tallas que allí se realizan, aquí, sin embargo,  siguen sin aparecer: solo asoman las herramientas finales, lo que nos confirma que los hogares, la caza, o los utensilios de las actividades que allí se han desempeñado son diferentes a las que puedan haberse realizado en otras cuevas”.

Los elementos hallados están siendo analizados en diferentes partes del mundo. “El carbón de las hogueras ha sido enviado a diferentes laboratorios europeos, sobre todo a Zúrich, y eso es lo que nos va a traer las dataciones ‘radiocarbónicas’ que son realmente la que colocan en el podio de los yacimientos. Espero que lleguen los resultados en Navidad, como regalo de Reyes Magos con datos fidedignos de lo que tenemos entre manos”, cuenta con un brillo innegable el investigador. “No se puede entender el contenido sin entender el continente. En Cueva del Arco por mucho que ya hayamos excavado somos conscientes de que ese continente es mucho más grande de lo que vemos”.

Sobre arte paleolítico, Ignacio lo tiene claro: “No pierdo la esperanza de que aparezcan más ejemplos. Cieza tiene el arte rupestre más antiguo la Región de Murcia, en la misma Cueva del Arco, -de finales del Paleolítico superior y que representan animales-, en la Cueva de Jorge y Cueva de las Cabras. Es una zona propensa a que puedan aparecer nuevas cuestiones referentes a este mundo simbólico. Creo que también el valor simbólico de los elementos que encontramos es importante porque no solo hay pinturas, sino que también encontramos elementos de adorno: las conchas siguen apareciendo y eso es una muy buena señal porque realmente nos está diciendo que no estamos en un lugar típico de paso. Yo creo que es como una punta de iceberg, para saber lo que tenemos debajo, hay que seguir indagando, y va a traer muchas sorpresas”, sostiene Martín Lerma con voz firme.

La victoria de la inclusión

La segunda clave de esta excavación es la victoria de la inclusión. En este punto, especial para el investigador, ha contado con la ayuda incondicional de sus padres: “Mis padres son psicólogos y se dedican a la discapacidad intelectual. Es un colectivo al que quería llegar. ‘Arqueología y discapacidad intelectual: desenterrando prejuicios’, era un proyecto que me hacía mucha ilusión: el unir esos dos mundos.  A través de la Unidad de Cultura Científica de la UMU,  y, sobre todo, a través del apoyo personal de José Manuel López Nicolás, inicié el proyecto sin saber si iba a materializar y al final vamos a poder hacer colecciones didácticas, vamos a poder ir a  los centros, hacer talleres, simulaciones de excavaciones en los propios centros para las personas que tienen discapacidad física que no pueden acceder a las cuevas… Los chicos van a ser quienes cuenten, el impacto que tiene cuando alguien lo explica no es lo mismo, las preguntas no son iguales, la implicación no es igual y eso es una parte importante”.  Ignacio reconoce que “estaba muy pendiente de ellos”: “Mi obsesión era que aprendieran, que llegaran bien a la cueva  y que funcionara y, por tener tantos frentes, se me olvidó la reacción que todo eso podía provocar en mi equipo”. Y a pesar de la circunstancia el resultado fue el mejor: “Los vi descubrir, emocionarse, gritar porque habían encontrado algo, y lo más sensacional era ver a mi equipo convivir con ellos, he visto lágrimas de emoción de superación, y es algo inolvidable. De pronto ves que el regalo se lo están haciendo a ellos, el enseñarnos que se puede volar a pesar de tener un ala rota y la Cueva del Arco no solo enseña ciencia, sino que también nos da una lección de vida y… qué voy a decir…”, concluye el investigador emocionado.  El proyecto cuenta con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), así como con la participación directa de la asociación Asprodalba a través de su director técnico y gerente provincial de ‘Plena Inclusión Andalucía’, Ignacio Martín Cuadrado.

 

 

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