La lucha sindical de las picadoras del esparto de Cieza

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Las reivindicaciones obreras que alertaron a la Región tuvieron nombres de mujeres ciezanas

Pablo Pino Martínez

Siendo fiel a los principios anarcosindicalistas, en 1910 tendría lugar en Barcelona la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) hasta allí se desplazarían delegados locales en representación del pueblo de Cieza. Tanto U.G.T. como  C.N.T. serían dos de los bloques sindicales más importantes de la localidad, protagonizando toda clase de huelgas y reivindicaciones laborales en la Cieza de principios de siglo XX.

La dicotomía social vivida en estos años produjo el sentimiento de pertenencia a un grupo social concreto por parte de las clases más pobres. El antropólogo Luis Munárriz, Antropología de la Región de Murcia (2005) relata: Es una época en la que se crea una fuerte conciencia de clase: ellos y Nosotros… La conciencia de clase permaneció en aquellos trabajadores, marcada a fuego en su piel de color de esparto”.

Serían las mujeres trabajadoras del esparto, y en concreto las picadoras, grandes reivindicadoras en la lucha obrera. Mientras que rastrilladores e hiladores pertenecían mayoritariamente a la U.G.T., las picadoras pertenecerían en su mayoría a la C.N.T., algunos relatos recogen como estas mujeres paseaban por las calles de la localidad cantando: “Camarada, bomba con bomba,/ Camarada, pistola en mano,/ lucharemos con alegría/ entre todos los ciezanos./ La revolución ya viene,/ se aproxima el comunismo./ ¡Muera la guardia civil!/ ¡y viva el comunismo!”

Las reivindicaciones de finales del siglo XIX

Conocido era que las mujeres ciezanas eran grandes luchadoras, con una fuerte conciencia colectiva. Ya a finales del siglo XIX tendría lugar el primer alboroto conformado solo por mujeres, registrado en la localidad. La subida del impuesto que gravaba los cereales, el 1 de junio de 1895, sería el motivo por el cual, un importante número de mujeres se amotinarían en la plaza Mayor, teniendo que ser reducidas por la guardia civil. Después de este hecho, se emitiría un comunicado donde se hablaba de una equivocación por parte de las entidades locales, quitando importancia a la acción de estas mujeres y evitando que creyeran que habían cedido a sus peticiones, algo de lo que ellas se encontraban seguras. Unos años más tarde, en 1904, este impuesto volvería a ser aumentado de nuevo, lo que provocaría la revuelta de un grupo de “mujeres solas” como recogería la prensa, que asaltarían las casetas de consumos. Fueron estas mujeres las que animarían al resto de obreros de la localidad a marchar hasta la casa consistorial, donde el alcalde les procuró una serie de promesas que no llevaría a cabo. La situación se volvió cada vez más tensa, lo que se materializó en la muerte de un obrero por un disparo de la guardia civil. Era tal la importancia de las obreras en este momento, que al día siguiente fue un grupo de ellas las que llevaron el féretro hasta el cementerio.

En 1930 aún seguirían las reivindicaciones salariales por parte de los trabajadores del esparto ciezano, aunque esta vez las reivindicaciones traspasarían el marco local. La huelga comenzaría en julio de 1930 en Cieza y Calasparra, promovida por la Sociedad de Rastrilladores e Hiladores de Esparto de Cieza, pero llegaría hasta Jumilla, Águilas, Cartagena y otros centros fabriles de la Región de Murcia.

Los años 30

Un año después en 1931, serían las picadoras de esparto las que protagonizarían una de las mayores huelgas llevadas a cabo en la localidad de Cieza. Durante esta huelga la Asociación de Fabricantes de Espartería propondría a las picadoras la creación de una caja de socorro, similar a la de los hiladores, lo cual rechazaron para continuar con ella. La huelga duraría dos semanas, y concluiría con algunas mejoras laborales para las picadoras ciezanas así como un aumento de su salario en 15 céntimos más el quintal de pica. El 1 de mayo de 1931 se vivió en Cieza una de las mayores manifestaciones por el día del trabajador que la población vería nunca.

A finales de 1933 se vivirá en Cieza una jornada de fuerte lucha sindical, con el interés de alterar el orden y poner a pie de calle las reivindicaciones de los trabajadores. El conflicto terminaría con la quema de una fábrica de espartos y de la factoría “Géneros de punto”, así como con múltiples cortes eléctricos por la voladura de varios postes de luz por parte de los anarcosindicalistas. Los motivos por los que estos trabajadores saldrían a la calle, la crisis económica y la falta de trabajo, no serían motor suficiente para que la revolución social saliera adelante, la falta de organización entre sindicatos, en especial entre los dos principales, se tradujo en la detención de los organizadores, así como en su posterior encarcelamiento.

La Guerra Civil supuso un cambio radical en las vidas de muchas ciezanas, la presencia de la actividad femenina fue imprescindible en esta época para la localidad. Estas mujeres se organizarían en asociaciones, una de las más importantes sería la AMA (Agrupación de Mujeres Antifascistas) Las mujeres de la AMA realizarían todo tipo de acciones encaminadas a ganar la guerra, como fueron los festivales para financiar las organizaciones de socorro o la confección de prendas de vestir para el frente de batalla. En Cieza también funcionaría “La Aguja” asociación de mujeres ligada a la U.G.T. que debía su nombre al trabajo de confección que allí realizaban estas mujeres. Todos los lunes a las 6 de la tarde, se reunirían en el Salón de la Casa del pueblo, donde actuaría de secretaria, la ugetista, María Buitrago. Como escribiría, Carmen González, Cieza en el siglo XX, pasado y presente: “Solidaridad y compañerismo entre las mujeres de “La aguja”, y para con el exterior, eran los fundamentos de la asociación”.

El franquismo

Con la llegada del franquismo, la represión se haría patente en la localidad. Las organizaciones sindicales serían disueltas y la represión a todo aquel que perteneciera a alguna de ellas era inevitable. Pero el espíritu de lucha no se perdería tan fácilmente, tan solo cinco meses después de acabar la guerra civil las obreras picadoras pararían tres fábricas de esparto. En esta ocasión las obreras pedirían un aumento salarial de siete pesetas al día, además de una reducción del horario a ocho horas diaria y se convertirían en las primeras en realizar una huelga en época franquista. Esta última huelga terminó con el encarcelamiento de las instigadoras, que serían procesadas por un tribunal militar.

La cárcel de Cieza albergaría en este momento a más de 2.000 presos y presas cuyo único delito fue defender el estado democrático del 16 de febrero de 1936.

 

 

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