La nostalgia vital desde la óptica de Pepe Belló

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LAS PISADAS DEL BARRIO

La rambla estaba descubierta en ese tiempo. Era un sitio perfecto para pegar balonazos en los que se desahoga toda la vitalidad infantil, aunque lo que la alzaba por los aires fuese reventar la pelota contra cocheras y que los vecinos desahogaran su ira de pérdida de paz contra nosotros. Nuestras bicis daban bandazos sin escatimar los peligros que suponía una avenida a media tarde. Y en esa época también lograste todos los pokemon. Siempre fuiste el que conseguía lo que se proponía.

Por eso intuyo que en algún momento de tu entrada a la madurez (que maldita sea, me la perdí) decidiste ser una persona íntegra. Es bastante agradable porque, no quiero que esto suene pretencioso, parte de mi forma de ser y de mi evolución viene directamente de ahí. Y yo, sin saber nada de psicología, acepto los estudios que dicen que a los doce años es cuando empezamos a adoptar nuestra personalidad. El empuje vino de esas tardes recopilando maderos para la mejor lumbre de San Antón, las investigaciones por las orillas del Segura tomando prestados los melocotones de las fincas aledañas para merendar y los primeros flirtreos sin saber (o al menos querer saberlo) muy bien a qué puerto nos llevarían.

No me considero una persona melancólica. Normalmente cuando me cuentan anécdotas suelo recordarlas muy vagamente. En algún momento de mi vida decidí dejar de mirar al pasado y volcar todo lo que aprendí durante esos días en mejorar mi futuro. Y solo, muy de vez en cuando, echo una mirada hacia atrás, y se me llena el pecho para soltar un suspiro de emoción y orgullo de todos los pasos dados. Una persona es lo que hace con lo que han hecho de él, decía Sartre, y no dudes en que un fragmento de lo que soy es por lo que hicieron de mí esos doce años.

Hay dos maneras de enfocar las relaciones sociales: hablar con alguien y querer aprender, o hablar con alguien y pretender enseñar. Siempre fuiste de los primeros. Cuando a veces salgo de la zona en la que derrochamos nuestra preadolescencia, pienso que sigues tú por el barrio, y que está en buenas manos. Eres una de las pocas personas que sigue teniendo detalles que me desbordan, y la paz, humanidad y seguridad que emanas, a la vez desbordan el barrio; así que, no sé, me gusta pensar, para sentirme un poquito mejor en mis pasos, que tú también tienes una visión parecida hacía mí.

Y también me gusta pensar que el mundo con tu pisar es un lugar más justo y puro. Y por un momento me basta.

 

 

 

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