Ley de vida, por María Bernal

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Morimos porque es ley de vida, no porque un ogro nos la quita

¿Recuerdan el escabroso crimen de Laura Luelmo, la joven profesora que murió hace meses a manos de su verdugo? Es que me vienen a la cabeza pensamientos de odio cada vez que pienso en la indefensión, angustia, dolor y desesperación que soportó durante las horas que el grandísimo hijo de la gran puta, porque no merece otro apelativo, quiso que durara su calvario hasta que dejara de ver la luz del sol.

Imaginen. Aprueba unas oposiciones con una buena nota, fuera de su Comunidad. Feliz por ello, consigue destino y cumple uno de sus sueños: ser profesora en un instituto. Esa emoción solo la conocen las personas que aman la docencia, hasta el punto de abandonar a la familia para poder disfrutar de este maravilloso trabajo y de esa experiencia única. Y una se va, pensando en prosperar y realizarse como profesional, sin pensar en la más remota posibilidad de que la consecución de sus objetivos iba a suponer el final de su dichosa existencia.

Pero no siempre la vida es justa y a veces es capaz de darnos y quitarnos en cuestión de segundos, así, sin preguntarnos o sin darnos al menos la opción de poder defendernos. Y el caso de Laura, lamentablemente, es uno de esos que muestra que más antes que después vamos a morir. ¿Pero qué derecho tenía ese bastardo, asqueroso y repugnante ser de adueñarse de su afortunada vida? Morimos porque es ley de vida, no porque un ogro nos la quita.

Para más inri, el energúmeno demanda a gritos que no lo dejen salir de prisión porque es un reincidente de cuidado, ya que Laura no es la única que moriría en sus manos. Y el nauseabundo tiene la jeta de expresar sin pelos en la lengua su podrido pensamiento. Pero hay que obedecer sumamente a la justicia, porque somos humanos y todas las personas tienen el derecho a la presunción de inocencia, cuando a la familia de la víctima solo se le pasa por la cabeza emplear la suya propia.  Sí, la de “ojo por ojo y diente por diente”. Porque sinceramente, y tal y como está de desquiciada esta sociedad, no me extraña que se hagan comentarios, tales como “para que llore mi familia, que lo haga la tuya”.

Pero es delito. Y tenemos que ser personas coherentes y civilizadas y dejar que actúe, bien ahora, bien dentro de diez años la gran e increíble justicia que tenemos (nótese el sarcasmo). Y ya sabes, como intentes reivindicar tus derechos con un tono fuera de la formalidad, al final acabas encarcelado. Entonces, es el momento en el que lleno de rabia e impotencia observas cómo la justicia de este país pretende defender al verdugo y a la víctima. A la victima porque su verdugo cumple condena y al verdugo porque tal castigo resulta  lamentable y vergonzoso. ¡Qué impotencia! Él saldrá en unos años y Laura y el resto de personas asesinadas  jamás volverán a respirar.

Encima, el sinvergüenza se arrepiente meses después y pide perdón a la familia. ¡Qué corazón más grande! Pero pedazo de canalla, no te arrepientas ahora, retrocede meses atrás y deja a Laura en paz.

Estamos ante un tema que debería invadirnos de terror, somos hombres y mujeres indefensos ante la ley. Nos enfrentamos a un panorama de violaciones y muertes que no parecen importar mucho a nuestros gobernantes: un grupo de amigos en Pamplona emborracha y viola a una muchacha. ¡Qué machotes! Pero no tuvieron cojones para ponerse delante de un toro y demostrarle su virilidad. No, no son lo suficientemente hombres como para enfrentarse a un macho de seiscientos kilos. ¡Cobardes de mierda!

Pero claro, es que les sale francamente barato tal crueldad. Tengamos en cuenta que solo van a cumplir una leve condena (porque quince años se reducirán a menos) con determinados privilegios, como tener un vis a vis con sus parejas (asco me daría a mí acostarme con un tío que ha cometido tal acto), y, casi sin darnos cuenta, se van a la calle porque han aceptado desde un principio las condiciones impuestas por el juez durante su estancia en prisión. ¡Eso faltaba!

Pero es que antes de la condena definitiva se van a la calle, de momento, porque no hay riesgo de fuga ya que su integración familiar lo evitaría. Que me expliquen a mí quién cojones va a hacer que la víctima se vuelva a integrar tranquilamente en la sociedad como lo van a hacer ellos. Y claro, teniendo este ejemplo de que violar es supuestamente un acto inofensivo y que no presenta motivos suficientes de condena, cuando los cabrones lo grabaron para mofarse de este acto de valentía para ellos y de repulsa para mí, surge otra manada en  Callosa. ¡Qué valientes! Por eso, no me importa que en la cárcel les hagan a ellos salvajadas. ¿Presunción de inocencia? ¿Para qué? Si hay unas grabaciones que explican lo que hicieron, o unos policías que pillaron in fraganti a los de Callosa.

En lugar de pensar en modificar nombres de leyes, más vale que le echen un par de huevos y trabajen severamente en proteger a todas las víctimas de violencia de género con duras sentencias, independientemente de que sean hombres o mujeres. Y a las manadas, que tanto están proliferando por culpa de no tener autoridad y meterlos en la cárcel directamente, deberían torturarlas de la misma manera que ellas lo han hecho, pero sin placer alguno, sabiendo que no van a querer utilizar su miembro nunca más, sabiendo que, al igual que las pobres víctimas, estos no volverán a ver la luz del sol jamás.

 

 

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