Lo que esconde el Almorchón

Historia y leyendas del cerro que mira a Cieza

Miriam Salinas Guirao

La figura sublime que engaña. Remirada desde todos los ángulos y cambiante en cada arista, el Almorchón, testigo mudo de palabras y parlante en savia. Podría ser la parte de un embrujo rocoso, que guarda tesoros, pero se materializa en naturaleza, edades de la tierra.

De dónde viene su nombre

La Revista Electrónica De Estudios Filológicos de la Universidad de Murcia ha resuelto el primer enigma: el nombre. Francisco Javier Gómez Ortín en ‘Escarceos filológicos’ se pregunta si fue antes el nombre común “almorchón” o el propio toponímico de Almorchón. Explica que “los orónimos suelen derivar de nombres comunes, que se aplican a topónimos por su parecido con alguna característica física de estos; así cabezo (de cabeza), loma (de lomo), sierra, muela, etc.” Por lo que todo apunta a que primero fue el nombre común, y por asociación física se constituyó el uso toponímico.

La palabra ‘almorchón’ la sitúa como un “mozarabismo innegable” que contiene tres acepciones. La primera se refiere al embutido morcón; la segunda se usa como adjetivo o sustantivo descriptivo para otorgar la característica ‘gruesa’, este significado se recoge en el Diccionario Histórico de la Lengua Española. La que respecta a nuestra formación rocosa es la tercera: una palabra que se emplea como nombre propio geográfico en orónimo de forma cónica y redondeada.

Los años de la roca

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El origen de la formación se sitúa, según su estratigrafía realizada por el Instituto Geológico y Minero de España, en el Jurásico, que comenzó hace 201 millones de años y acabó hace 145 millones de años. Según la cartografía, en el Mapa Geológico 1:50.000, hoja 890: “De Norte a Sur y casi verticales afloran en las laderas del Almorchón las siguientes capas: 1ª dolomías oscuras en bancos gruesos, 2ª calizas dolomíticas grises, 3ª calizas grises, azoicas, 4ª calizas gris claro, blancas en fractura, sin fósiles y 5ª margas amarillentas fosolíferas.” El portal de la Región de Murcia encuadra el Almorchón, de 768 m, dentro del Sistema Subbético.

El Almorchón,  montículo dolomítico, mira a Cieza como una insignia perpetua en el cielo. Enclavado, de la mano de las tierras solitarias de Cagitán, del verde Cárcabo, de las aguas turquesas del Quípar, y de la magia del Cañón de Almadenes; quedó como un cerro desarraigado, desde la sierra del Asno.

Francisco López Bermúdez, catedrático de la Universidad de Murcia y autor de una tesis sobre el Almorchón declaraba, en un artículo de José María Galiana, para La Verdad: “Hace 120 años, los más renombrados geólogos europeos, dirigidos por la señora Geremie, organizaron la conocida expedición de los Alpides Españoles, así llamada por la semejanza de los Alpes con la cordillera Bética que iban a visitar: el Almorchón se encuentra en el borde frontal del cabalgamiento subbético”. Los materiales originarios del Jurásico “se desplazaron hacia el sur desde un frente más al norte, para ser más precisos, desde la sierra del Asno, en el arco montañoso que se alza en los lindes de Murcia y Albacete, hasta las inmediaciones del Cañón de Almadenes”.

Como describió José María Galiano, en la cumbre, “abundan los endemismos botánicos, mientras que la solana está desprovista de vegetación arbórea, si bien predomina el matorral de romero, tomillo, espliego y jaras. Al norte, en la umbría, verdea el pino carrasco, el enebro, la jara, el lentisco, la oreja de liebre, el matapollos y la retama. El hecho de ser umbroso en toda época del año favorece la presencia del conejo, el lagarto ocelado, la perdiz y aves rapaces como el águila real, el cernícalo, el búho y el mochuelo. A la derecha de la vertiente sur se alzan, inquietantes, las llamadas torres del Cárcabo, tres erizados escarpes rocosos, y en las barranqueras previas que desaguan en la presa del Cárcabo, junto al Almorchón, en un paraje extremadamente seco y rugoso, se espigan algunos juncos, tarajes y adelfas en flor, lo cual es un alivio; en las áreas circundantes abunda el albardín y, sobre todo, el esparto, herbáceo del que Cieza ha sido importante centro de producción”.

La zona, además, en su cara Sur presenta, a tres kilómetros de la Murta, las Salinas del Realillo. En la revista Papeles de geografía de la Universidad de Murcia, S. Gil Guirado y J. Mª. Gómez Espín cuentan que “las Salinas del Realillo en Cieza se hallan en un espacio natural de gran belleza en la cara Sur del Almorchón, estando en explotación hasta los años setenta del pasado siglo. Las eras de forma rectangular están separadas por tablones de unos 40 cm. de altura y la base es un empedrado que se cementaba con arcilla. Cuentan con almacén y casa del salero.” En el portal digital de la Región de Murcia añaden que el agua necesaria para su funcionamiento se extraía de un pozo mediante una noria. “A partir del siglo XIII se encuentran numerosas referencias a las salinas en los textos. En los documentos de primeros del siglo XIV incluso se identifica el trabajo realizado en ellas como una labor que viene desde antiguo, por lo que los especialistas consideran que estarían en uso durante el período musulmán”.

Historias y leyendas del Almorchón

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Desde tiempos atrás, antes de la vida humana, El Almorchón era testigo de la zona. En los archivos digitalizados de Murcia, el primer documento que da resultado data del 31 de julio de 1864. Se trata del Boletín Oficial de la Provincia de Murcia y hace referencia a una subasta de esparto de los montes de Cieza. Los bienes que atesoraba fueron pasto de numerosas subastas. En el año 1923, en febrero, Nueva Cieza publicaba una nota informativa del alcalde Juan María Marín-Blazquez donde informaba sobre los ingresos. En uno de los puntos del informe aparece una subasta de pinos del Almorchón que dejó 4.050’90 ptas.

También de 1923 es un artículo publicado en el diario nacional ABC que bajo el título ‘Apostillas de un contemplativo’, ‘Pueblos pintorescos de España: el de Cieza (Murcia)’ sitúa la localidad como en una metáfora de cielo azul y de luz del sol, “la perla del Segura”: “la frase más justa de cuantas han intentado caracterizar la belleza delicada de este pueblo de ensueño y maravilla”. Entre estas palabras hay una referencia al Almorchón y a otras sierras de Cieza como esos “montes calcáreos dispuestos en anfiteatro, compitiendo con el deseo de alzarse quién más hacia el infinito.”

El Almorchón no se ha visto desprovisto de leyendas. Su terreno complejo y su forma hipnótica se han prestado al papel de protagonistas en una historia que se publicaba en Línea en 1968. Manuel Gea Rovira escribía: “Cuéntese que un prohombre ciezano, don Pedro Echáburi, propietario hace dos siglos del ‘pago’ lindante de ‘La Torre’, ascendió al Almorchón, queriendo demostrar la leyenda de que en sus profundidades la montaña ofrecía una comunicación subterránea con el lecho del rio Segura, que lame sus pies. Don Pedro se atrevió a explorar sus entrañas, y vivió para contar su aventura espeleológica relatando la impresión que le produjo a él y a su acompañante los secretos túneles que al fondo eran caracola de ruidos mágicos reflejados por el choque de las aguas del río Segura… Hoy habitan en la caverna de entrada multitud de palomas torcaces, muchas de las cuales fueron cazadas en una batida furtiva hace unos años, llenándose con su carga una furgoneta.” Estas palabras han podido ser desmentidas por José Olivares, estudioso del tema, quien asegura que es geológicamente imposible que se dé una ruta acuática subterránea según las condiciones de los materiales de la zona.

También en Línea  se publicaba en 1982 el avistamiento de un ovni en la zona: “José Ramón Guardiola y Lola López Herrero, en Cieza, en El Almorchón, vieron un ovni. Fue en febrero del año pasado. Era un punto luminoso y, de su parte inferior, salieron puntos más pequeños, con dirección y velocidad increíbles. Lo que podía ser la madre nodriza quedaba estática. Aquellos puntos, tras dar un paseo, regresaban y se metían dentro de la nave principal. Esto ocurrió durante toda la noche, prácticamente hasta el amanecer, y lo apreciamos con nitidez. La forma era circular”.

Ovnis, grutas ocultas… lo que verdaderamente esconde el Almorchón es el desgaste pausado de los siglos, que ha llenado de vida y ha proporcionado los espacios para albergar la historia de Cieza.

 

 

 

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