Los niños del Menjú

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Se ha escrito sobre su belleza, se ha buscado su origen, se ha perfilado a sus dueños, se ha investigado sobre sus misterios y se han recorrido, palmo a palmo, sus extensos senderos: rincón fértil de la tierra, paraíso del verde. Pero, ¿recuerdas a los niños del Menjú?

Miriam Salinas Guirao

Pascuala Martínez, de casi 90 años, sí recuerda a los niños del Menjú. Cuenta que su padre les llevaba comida durante la Guerra Civil. Echando la vista atrás, un 24 de agosto de 1923 en el periódico Nueva Cieza, Antonio Marín y Marín firmaba estos versos dedicados al paraje del Menjú: “Castillo señorial de encantos lleno por las hadas benéficas forjado, que se levanta en el pensil ameno por preciosos jardines rodeado lejos del mundo y de su mal ajeno. Mansión alegre que eligió la musa al percibir el trino cadencioso del ruiseñor humilde y misterioso; donde escucha de Marco la Aretusa la música del Thader rumoroso. Edén encantador que me enajena en donde crece el nardo y la verbena; el jazmín de blancura nacarada, la violeta de esencia perfumada y el aroma sutil de la azucena. (…) Arrobador vergel, lugar de ensueño, nido de amor de tierna golondrina donde ocultan su dicha con empeño unas niñas de gracia peregrina, las joyas más preciadas de su dueño”.

Así, una metáfora de lo bello brillaba cerca de Cieza. Diez años más tarde, el 19 de julio de 1933 en La Verdad, se hacía mención a la colonia escolar situada en el Menjú: “El día 14, en que terminaron las clases de Primera Enseñanza, la aristocrática familia de don Joaquín Payá, tuvo un rasgo de generosidad altamente simpático y que llenó de júbilo a los corazones infantiles que reciben educación en las cercanías de su hermosísima finca”. Joaquín Payá, propietario de la finca invitaba gustoso a los niños. Durante la merienda los obsequió con “libros y con preciosos juguetes”. En la información publicada se relata que antes de despedirse “el señor Payá se ofreció a los señores Lozano y Navarro” para cuanto pudiera “ser útil en la construcción del edificio escolar” que se iba a “levantar en el pago del Menjú, quedando estos muy agradecidos a las atenciones del querido amigo que, sin regateos, está dispuesto a hacer por Cieza cuanto sea necesario”. Las siguientes publicaciones redundan sobre la faceta política de Payá, se informa sobre sus reuniones y sus vacaciones en la finca, pero no se vuelve a hacer mención, en la hemeroteca consultada, sobre los niños del Menjú.

En 1937, el 9 de octubre, en mitad de la contienda la prensa (Nuestra Lucha y Unidad) informaba sobre el “acto de solidaridad con los niños del Menjú en la Plaza de Toros de Cieza del día 10 de octubre a las 16:00 horas”. Los participantes del acto eran Rodríguez C.E de Juventudes Socialistas Unificadas (J.S.U.), Elisa Risco, S.R.I., Emilia Elías, C.C. de P.C. y Matilde de la Torre, diputado por Asturias (P.Socialista). Presidió el acto F. Piñuela, alcalde de Murcia y una banda de música interpretó “himnos antifascistas”. El precio fue de 0,50 pesetas. Se esperaba la unánime asistencia de los  “antifascistas de Cieza y demás pueblos de la provincia dada la finalidad benéfica del acto” y además se aseguraba que los discursos serían radiados a toda España por U. Radio Murcia.

Unos días antes, el 26 de septiembre de 1937 en Unidad: Órgano provincial del Partido Comunista se informaba sobre el “extravío de unos paquetes con carteles de propaganda de la Guardería de niños del Menjú”, denunciaba la pérdida Pedro Lucas García, perteneciente a las Juventudes Socialistas de Cieza.

Tras el estudio del material  publicado durante aquellos años, no se ha podido seguir la pista, de momento, a aquellos niños. Tampoco se refleja si la colonia escolar, mencionada en 1933, sería convertida durante la Guerra Civil en la guardería de los niños durante la contienda.

Pascuala recuerda que una vez, estando en un restaurante con su padre, un hombre se les acercó, le dijo que los invitaba y le dio las gracias. El padre de Pascuala no lo reconocía, pero el hombre, con verdadera gratitud le contó que era uno de aquellos niños, esos que pocos recuerdan, los niños del Menjú.

 

 

 

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