Los soldados ciezanos que lucharon en la guerra de Marruecos

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   Agachado aparece un soldado ciezano: Ignacio Martínez. Fotografía cedida por Teresa y Pascuala

Una guerra olvidada sangrante, un momento clave de la historia

Miriam Salinas Guirao

Nos situamos en los primeros años del siglo XX. Perdidos los territorios de ultramar, con apenas un 10% de la población española viviendo en ciudades de más de 100.000 habitantes, con una tasa de alfabetización situada a niveles endémicamente bajos, con escasos recursos que alcanzaban, a malas penas, a los bienes de primera necesidad. Paralelamente, “sectores estratégicos de la economía española, como las comunicaciones, la producción eléctrica y la industria química y siderometalúrgica, prosiguieron sin interrupción el despegue emprendido en los últimos años del siglo XIX. Se ha llegado a hablar incluso de un “boom” de creación de empresas, sobre todo en el Norte de España, entre 1899 y 1901” (Tuñón de Lara, 1992).

Los alicientes de recursos sin explotar y la posibilidad de reverdecer laureles de los militares, tras la amargura del desastre de 1898, hicieron de Marruecos una posibilidad real de beneficio.

El origen de la contienda

Desde 1906, sin mercado en los territorios perdidos de Cuba y Filipinas, grupos económicos españoles organizaron sociedades para explotar las minas de Marruecos. El marqués de Comillas y su familia explotaban la Sociedad Hullera Española y varios negocios mineros en España. Importantes personalidades de la época, como los López-Güell o marqueses de Comillas; Henry McPerson, que se había enriquecido por abastecer el Ejército español en 1898; Clemente Fernández, asociado a los Figueroa (conde de Romanones), que además se prodigaría en discursos y manifestaciones patrióticas en defensa de los intereses en el Rif, invirtieron en grandes compañías con intereses en África (la Sociedad Española de las Minas del Rif y la Compañía Norteafricana). Tras las tropas españolas, la Compañía Española de Colonización, conocida popularmente como “La Colonizadora”, iba comprando tierras y construía el ferrocarril entre Ceuta y Tetuán.

Las compañías interfirieron en las luchas internas marroquíes y apoyaron a un caudillo autóctono, Muley Mohamed, El Rogui, opositor al sultán y más favorable a los negocios mineros. Con la marcha de El Rogui, el nuevo caudillo fue más hostil a los españoles. La tensión se rompía en los ataques que se producían entre los locales y las compañías.

El 10 de julio de 1909, El Liberal  dio noticias del ataque al ferrocarril del día anterior, de la muerte de cuatro mineros acuchillados y de varios militares españoles “que no en aras de la Patria, sino en defensa de equívocos intereses industriales, han sacrificado su vida”. Y concluyó: “Lo único que está en pleito es el lucro de algunas Compañías medio francesas y medio españolas, que piden para su laboreo la protección de nuestras armas”.

La ofensiva explota

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“Las escaramuzas habían comenzado el 5 de julio. El Gobierno un mes antes había obtenido del Consejo del Estado un crédito extraordinario de 3.300.000 pesetas para reorganizar a las fuerzas españolas en Melilla” (Dolors Marin, La Semana Trágica). Los reservistas fueron movilizados a partir de la Real Orden del 10 de julio, pero la tropa española solo la noche anterior perdió más de 300 personas. Unos días más tarde, el 23 de julio, murieron trescientos soldados más. “La sangría no había hecho más que comenzar”. El conflicto se dilató más de 15 años, la cifra, entre heridos y muertos, ronda las 30.000 personas.

Pero, ¿quién iba a la guerra? ¿Quiénes eran los reservistas? En 1855, el Gobierno había aprobado una ley que permitía eludir el servicio militar a partir del pago de una indemnización y a cambio de que otra persona ocupara el lugar del soldado llamado a quintas. El precio de exención del servicio militar ascendía a las 1.500 pesetas de la época, cifra imposible de adquirir para la mayor parte de la población.

Y aunque la contienda se armó el pueblo protestó. “No entendía de compromisos internacionales. La prensa hablaba de las minas del Rif y de los intereses del conde de Romanones. La lucha era impopular y no se comprendía por qué había de derramarse sangre española por nuestra presencia en un territorio agreste e inhospitalario, que los marroquíes hacían bien en defender, pues estaban allí sus hogares, invadidos por extranjeros”. (Ballesteros Beretta, Historia de España, t. VIII 523).

Ciezanos en la guerra

Desde Cieza, como desde las demás localidades españolas, se enviaron soldados. En el cementerio reza el mármol: “A la memoria de Antonio Salmerón Herrera murió a los 23 años en julio de 1921 en el combate y retirada de Annual a Montearrit Melilla recuerdos de sus padres”.

Existe un velo en la información que queda sobre los conflictos y las personas que participaron, los llamamientos a filas, los fallecimientos en combate. Pero aquellos que perdieron la vida, los que lucharon, las familias que los vieron partir, querían que se recordara. Hubo ciezanos en el campo de combate, y, aunque todavía no podemos concretar cuántos fueron llamados a filas y cuántos fallecieron, quedan historias olvidadas grabadas en los diarios. Parece que desde el origen de la contienda los ciezanos se encontraban allende el mar. El 9 de septiembre de 1909 en El Liberal se publicaba: “La Compañía Anónima de Industria y Comercio, de la que es gerente Diego María Méndez, para socorrer a los soldados ciezanos que actualmente se encuentran en Melilla ha donado dos trajes interiores para cada uno, cuya acción laudatoria también ha merecido general aplauso”.

Unos años más tarde, en La Verdad Levantina se publicaba el 10 de agosto de 1924: “Por las noticias particulares y oficiales recibidas de Marruecos sabemos que el veterano y laureado regimiento de Vizcaya se ha batido heroicamente en las últimas operaciones efectuadas en Uad-Lau habiendo llegado en algunos instantes a la lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo, habiéndose cubierto de gloria en los últimos combates. Como gran parte del batallón de Vizcaya está compuesto de ciezanos, desde que se supo la entrada en fuego de dicho batallón la intranquilidad de este vecindario se vio turbada por unas horas hasta que poco a poco se han tenido noticias de los valientes ciezanos que en él luchan por la Patria contra las hordas rifeñas que se oponen a nuestra misión civilizadora en el Rif. Afortunadamente, aunque tenemos que contar, alguna que otra baja, que siempre son muy sensibles, nos place mucho que nuestros paisanos se hayan cubierto de gloria escribiendo una página más de heroísmo en la historia de la guerra de África.”

El batallón mencionado en la noticia, que asegura el diario que estaba compuesto por ciezanos en su mayoría, tenía su plaza en Alcoy (Alicante). Según el Historial de los regimientos de infantería españoles, el batallón de Vizcaya participó en las “Campañas de Marruecos” (1924-1927); combates de Tisgirín, Chentafa, Solano y Loma Verde, defensa de la posición de Kudia-Manat, protección de destacamentos del Grupo Edia y Grupo Xexera.

Siguiendo la pista de aquel batallón en el diario ABC, el 4 de agosto de 1924, unos días antes, se publicaba una nota informativa desde la zona occidental del frente: “La columna de Uad-Lau verificó ayer relevo de posición Solano, avanzadilla Chantafa y Loma Verde por fuerzas del batallón de Vizcaya. Al hacer fuego la quinta batería de montaña, perteneciente a la columna de Taguesut, contra los poblados enemigos, hizo explosión rompedora dentro de pieza, originando rotura de esta las siguientes bajas: teniente Juan Blusar, leve; sargento Manuel Mesejo y cabo Manuel Miralles, graves; artilleros Paulino Lastra Martín, muerto; Antonio Belani y Antonio Manuel Cáceres, leves”. El 23 de agosto en La Verdad se daba noticia de nuevas incorporaciones al batallón: “En el tren de las seis salieron ayer de Alcoy, 74 soldados que van a completar la plantilla del batallón expedicionario de Vizcaya, que guarnece las posiciones avanzadas de Uad Lau. Al frente de las citadas fuerzas van el alférez León y dos sargentos”. Un mes después, en ABC el 23 de septiembre de 1924 se reproducía un telegrama del presidente del Directorio al presidente interino: “Conviene hacer constar que el batallón Vizcaya, que, como columna combatiente y como defensores de los puestos del Lau, ha culminado en todas las distinciones que puede alcanzar un Cuerpo, tenía en sus contingentes un tercio de soldados de cuota, que sobre dar el más brillante ejemplo, sufrieron en la natural proporción las numerosas bajas de este Cuerpo, no superadas en tan breve plazo por ningún otro, en razón a los dificilísimos objetivos que se le encomendaron; todos los Cuerpos rivalizan en buen espíritu al ejemplo de sus oficiales”.

Los hilos que enmarañan la historia necesitan luz. El batallón, como ejemplo de los que armaron el brazo, los que con un par de alpargatas recorrieron la tierra de la contienda, queda difuminado. Algunos afortunados recuerdan que sus antepasados cargaron su hambre hasta Marruecos, otros ni siquiera encuentran ese episodio en su memoria. Desde aquí, por todos aquellos que se perdieron, hoy vuelven los soldados ciezanos de Marruecos.

 

 

 

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