‘Más que cuevas’ en el Cañón de Almadenes

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El arte rupestre y la arqueología del Cañón de Almadenes se condensan en una exposición única, disponible en el Museo de Siyâsa hasta el 20 de abril

Miriam Salinas Guirao

Hace casi 4 años, el 8 de agosto de 2015, Cieza veía arder su cañón. El rayo de una tormenta de verano incendió un sector importante de Los Almadenes, un entorno paisajístico de enorme belleza que reúne una rica vida salvaje y un importante ejemplo de bosque de ribera.

El incendio hizo cundir el pánico: el arte rupestre podría estar en peligro. En el Cañón de los Almadenes se encuentra una inusual concentración de arte rupestre paleolítico y postpaleolítico, con casi una veintena de cavidades con arte levantino y esquemático, pero también con las tres únicas muestras de arte paleolítico regional, en apenas 400 hectáreas. La exposición resume los resultados de los tres años de trabajos de campo que sucedieron al devastador incendio, así como el resumen de investigaciones anteriores desde 1992 en la Cueva de la Serreta y en otras muchas cavidades del paraje.

El trabajo realizado ha culminado con el descubrimiento de nuevas pinturas, la actualización de la información sobre el arte paleolítico mediante la aplicación de tecnologías de última generación y el inicio de la excavación de una de las cavidades con este tipo de representaciones, la Cueva del Arco. La exposición ya ha pasado por el Museo Arqueológico de Murcia y por el Museo Arqueológico Enrique Escudero de Castro en Cartagena, y ahora regresa a su origen, a Cieza hasta el 20 de abril.

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En total, en Almadenes se encuentran 22 yacimientos arqueológicos con arte rupestre que están declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO y Bien de Interés Cultural. La exposición ‘Más que cuevas’, patrocinada por la Consejería de Turismo y Cultura, se adentra en el Cañón de Almadenes con una descripción medioambiental, se sumerge en la investigación realizada en el paraje y se muestran documentos únicos sobre las cavidades, especialmente sobre dos lugares muy especiales: la Serreta y la Cueva del Arco.

La Serreta y la Cueva del Arco

La Serreta se descubrió en 1972 y fue excavada en varias campañas, de 1992 a 1996, por el equipo de Joaquín Salmerón Juan, director del Museo de Siyâsa. En su interior hay un total de 80 figuras, 61 en la pared derecha más próxima al cañón, y en la zona intermedia aparece el famoso antropomorfo en phi, llamado el “Idolo de la Serreta”, símbolo incuestionable del arte rupestre murciano. En esta cavidad se halló el taller de brazaletes de piedra del Neolítico más importante de España. Se han encontrado las únicas semillas cultivadas (trigo y cebada) del Neolítico de la Región de Murcia de hace unos 7.000 años. Los materiales descubiertos, en ésta y otras cavidades de la zona, evidencian un tránsito comercial de intercambio en toda la zona mediterránea. Pero no acaba aquí la magia de La Serreta, sobre los niveles prehistóricos se localizaron dos más de época romana y una última ocupación medieval islámica.

Un espacio amplio de la exposición se destina a la Cueva del Arco que está en plena ebullición de aportación al conocimiento del Paleolítico del Sureste de España: hace apenas unos meses acababa la tercera campaña de excavación, dirigida por Ignacio Martín Lerma y Didac Román Monroig. Se trata de un conjunto de diversas cavidades que se concentran alrededor de un gran arco de roca natural descubierto en 1992 por el Club espeleológico Los Almadenes. El incendio de 2015 fue el detonante del inicio de las excavaciones. El Arco muestra una interesante secuencia de ocupaciones hasta el Neolítico antiguo, que se inicia con unos niveles del Musteriense (hace 45.000 años) asociados a la presencia Neandertal en forma de materiales y restos de hogares, sirviendo todos estos hallazgos para marcar un nuevo e importante punto en el mapa del conocimiento del Paleolítico. En palabras del Joaquín Salmerón Juan: “La Cueva del Arco tiene una forma tan singular de arco monumental totalmente natural que, no solo impresionó a los habitantes del Paleolítico Superior que lo ocuparon, sino que también hicieron algún tipo de actividad especial allí los neandertales del Paleolítico Medio y también los primeros neolíticos que visitaron la zona”.

Lo que guardan los Almadenes

Los comisarios de la exposición son Joaquín Lomba Maurandi, Ignacio Martín Lerma y Joaquín Salmerón Juan. El proyecto de investigación de Los Almadenes y las excavaciones de la Cueva del Arco, en los 3 últimos años, ha sido financiado desde la Conserjería de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente, el Ayuntamiento de Cieza y la Universidad de Murcia, con la colaboración de iniciativa privada. Es importante destacar la ayuda del grupo de espeleología G.E.C.A de Cieza, cuya labor ha sido imprescindible para la investigación. Pero también es necesario recordar la labor del Grupo de los Almadenes, que durante la década de los 90 estuvieron participando en las prospecciones arqueológicas donde se descubrieron buena parte de las pinturas que ahora se están documentando con novedosos sistemas.

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A lo largo de la citada exposición se pueden vislumbrar imágenes del arte paleolítico nunca vistas con alta resolución, parajes intrincados y las pinturas que allí reposan. Se acompaña de materiales de las excavaciones en la Cueva del Arco y la Serreta, y también de El Pozo (Calasparra), y de dos imágenes singulares: una maqueta del paraje y una fotografía a tamaño real de los más de 6 metros de arte rupestre del panel principal de La Serreta, así como una reconstrucción de un hogar paleolítico y un área de talla, inspirado en el localizado en la Cueva del Arco, datado en más de 30.000 años.

“Nadie que vaya a Almadenes se puede quedar impasible, es una cosa sobrecogedora”, declara el director del Museo de Siyâsa, Joaquín Salmerón Juan. Y no yerra en su afirmación, en el siglo XII el geógrafo musulmán, Muhammad Al-Zuhri, ya describía el paraje como una obra de Dios: “(…) Sigue el río su curso y recibe a continuación las aguas del río de Calasparra; entra después en una angosta garganta, conocida como “el estrecho de la Fuente Negra”. La garganta y la fuente son una de las maravillas del mundo. Creó Dios aquel desfiladero partiendo en dos una montaña de mármol rojo. La hendidura está constituida, a derecha e izquierda, por dos paredes, cada una de las cuales tiene cincuenta brazas de altura. Su longitud es de cuatro parasangas. (…) Allí no penetra el sol sino cuando está en el signo de Géminis -es decir: cuando el día es más largo-. Por dicha garganta pasa la madera que desciende por este río hasta la ciudad de Murcia y más abajo. Al final de la garganta, está la Fuente Negra. Se trata de una fuente que brota en medio de la corriente del río, enviando su agua por el aire a la altura de una braza aproximadamente. El agua de esta fuente mana del mismo lecho del río, y es un agua negra, sulfurosa, amarga al paladar”.

Ahora la magia del Cañón de los Almadenes también puede leerse; los trabajos de investigación realizados se condensan en un libro donde han participado los comisarios de la exposición y que anunciamos, en primicia, ya se puede descargar gratuitamente desde el enlace: www.cuadernosdearterupestre.es disponible para que cualquier persona pueda adquirir, de forma gratuita, el libro del Arte Rupestre de los Almadenes y de las excavaciones de El Arco. Esta publicación, de casi 400 páginas y a todo color, ha sido financiada por el Ayuntamiento de Cieza, en buena parte, con una subvención del Ministerio de Cultura.

El entorno fascinante carga de colores y de sensaciones los sentidos. Como explica Salmerón Juan, la roca caliza de Almadenes es blanca pero su oxidación da colores rojos, los colores oscuros los dan los microorganismos, sobre todo vegetales, que cuando llueve adquieren un color verde oscuro. El Cañón conforma un paisaje fascinante que sirvió para la elucubración de sus moradores alzándolo como un lugar sagrado. “Aquello fue tan impresionante para la gente que pasaba por allí que, durante el Paleolítico Superior, se pensó que era un lugar especial, una residencia de espíritus y más adelante en el Neolítico, un lugar de dioses, eso fue lo que hizo que el lugar se considerara sagrado, no solo para hacer pinturas rupestres, sino también para enterrar a sus muertos durante el Calcolítico, un camposanto donde depositar los restos. En el siglo III de nuestra era, los rituales de incendio con depósito de materiales (pendientes de oro, melocotones, ciruelas, piñones, nueces, huevos, monedas…) previo a la construcción a la casa romana hace evidente que se realizaban ofrendas a las ninfas. Los romanos creían que las ninfas vivían en las cuevas junto a los ríos y cerca de las fuentes, como el Gorgotón.  Es un sitio mágico que siempre ha llamado la atención”, explica Salmerón Juan.

Las paredes infinitas, los colores: verde, amarillo, rojo; la luz y el olor, el agua… En el Cañón de Almadenes hay ‘Más que cuevas’, existe un paraíso desde tiempos muy lejanos, una joya de la Región.

 

 

 

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