Medina Siyâsa: la legendaria joya de Cieza

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En  este artículos nos adentraremos, por los caminos de la Historia, en la legendaria Medina Siyâsa, la magnífica urbe árabe anterior al actual asentamiento de Cieza

Javier Gómez

La ciudad perdida durante 500 años, fue la puerta de entrada de la meseta a la Cora de Tudmir y, de ella, al legendario Valle de Ricote. Enclavada en un risco poco accesible al lado de la emblemática Atalaya ciezana, donde se celebra la romería en honor a la Virgen del Buen Suceso, la patrona del municipio. Fue hasta la época mudéjar del Reino de Murcia la joya islámica de mayor esplendor de la zona.

La existencia de una Medina islámica en el Monte del Castillo era conocida por todos, pero fue el azar el que quiso que fuera descubierta por unos niños cuando encontraron unos fragmentos de cerámica en 1980. Se comenzó a excavar en 1981, sucediéndose las campañas hasta 1988.

Dejando volar la imaginación podemos vislumbrar un enclave paradisíaco. A la vera del romano río Thader, actual Segura, en lo alto de la montaña, se encontraba la Medina. Jalonada en su descenso de pinares mediterráneos hasta llegar a la vega, donde los ingenios árabes inundaban de agua y vida los frutales y la huerta; uno de los motores económicos de la comarca, y donde cada primavera asistimos al majestuoso frenesí floral de los frutos traídos de Oriente por nuestros antepasados.

Cieza ha estado habitada desde el Paleolítico. Existen más de un centenar de yacimientos de diversas épocas y culturas. Pinturas rupestres en El Barranco de los Grajos y en Almadenes, y asentamientos ocupados, sin cesar, a lo largo de la historia, como en Bolvax.

Allí, a un par de kilómetros de la Medina, en la otra margen del río, se encuentra la milenaria Segisa. La ciudad fue fundada por los iberos y colonizada con posterioridad por romanos y visigodos. El toponímico, de origen celta (Seg significa Victoria), con el transcurrir de los siglos y las civilizaciones derivó en Siyâsa (pronunciado Siasa en árabe coloquial), después, con la castellanización, en Cieça, para llegar a la época moderna como Cieza.

Nos adentramos, por tanto, en un recorrido histórico donde encontramos una amalgama, un crisol de razas y culturas que habitaron la denominada Perla del Segura. Hombres del Paleolítico; del Neolítico; íberos; romanos; visigodos; árabes y castellanos dejaron sus huellas, indelebles, en un enclave único y privilegiado. Un enclave que, por su historia y belleza, merece un mayor reconocimiento del que posee.

La Medina

“El asentamiento, que alcanzó su mayor apogeo durante los siglos XI y XIII, estaba compuesto por una alcazaba que ejercía la función de fortaleza, una medina o caserío, compuesto por unas 780 casas de las que se han desenterrado 19 y una muralla, de unos tres kilómetros, que rodeaba todo el poblado. El yacimiento en su conjunto ocupa una extensión de diez hectáreas”, asegura Joaquín Salmerón, director del Museo de Siyâsa.

La alcazaba estaba compuesta por dos recintos: el superior donde se encontraba una torre cuadrada y el inferior, posiblemente un albacar de dimensiones más amplias que el anterior. En éste, las defensas de mampostería se adaptaban al terreno aprovechando las irregularidades escarpadas de la zona. La alcazaba se encontraba regida por una autoridad y un grueso de soldados de carácter permanente. Era en este recinto donde se refugiaban los habitantes de la zona en caso de ataques, ya que las alquerías de los alrededores habían sido abandonadas por su difícil defensa en el siglo XI.

Se eligió este asentamiento tan escarpado por su difícil acceso y fácil defensa en caso de asedio. En el siglo XII, el emplazamiento ya había logrado la categoría de hisn o fortificación, desplazando a Rikut (Ricote) como capital de la comarca. Se estima que en su momento culmen la habitaron alrededor de 4000 personas de diversa índole social. Esto viene atestiguado en las dimensiones de las casas descubiertas, que oscilan entre los 234 y los 29 m2 construidos. El poblado poseía las características irregularidades que le son propias a las Medinas árabes, conformando una impresión estructural caótica. Además, debido al aumento poblacional, muchas casas fueron divididas para albergar a los nuevos miembros de la familia con lo cual se aumentó dicha impresión estructural.

En la Medina también se encontraba un zoco, foco de la actividad social en las ciudades islámicas, una mezquita y un cementerio donde los habitantes eran enterrados de la manera tradicional islámica, es decir, de costado y orientados a La Meca en la misma tierra, sin ataúd. El cementerio ha sido la zona más saqueada a lo largo del tiempo por los ladrones de tumbas, que se verían decepcionados ya que el Islam dicta que las personas marchen a la otra vida de la misma forma en que vinieron, sin ningún tipo de objeto de valor.

Se han documentado dos tipos de construcciones en las casas: las de tipo complejo y las de tipo elemental. Las primeras, de mayores dimensiones, poseían un zaguán; un patio central, a través del que se articulaba la vida de la casa hacia el interior de la misma y al que daban todas las estancias siguiendo la función de recogimiento propia de la cultura árabe; un salón principal; otro secundario, no siempre existente; una cocina; el tinajero, para almacenar el agua; una letrina; escaleras que comunicaban con la planta superior y el establo. Estas son las características de las casas 6 y 10 que se encuentran reconstruidas en el Museo de Siyâsa. Otras diez de las casas descubiertas responden a la tipología de tipo elemental y no solían sobrepasar los 50 m2.

Las casas poseían yeserías talladas, principalmente arcos, siendo los más antiguos de estilo almohade y protonazarí; aunque también se conservan elementos decorativos de época más antigua: prealmohade, procedentes del exterior de la zona excavada o que fueron reutilizados.

“El modo de vida de estos pobladores estaba basado en la agricultura propia de la zona. Aunque los restos encontrados de ovejas también nos aporta que se dedicaban al ganado o pastoreo. Además, se ha documentado que obtenían ingresos mediante los aranceles de paso al comercio en la ruta que unía la Cora de Tudmir con el exterior”, asevera el historiador ciezano Joaquín Salmerón.

El ocaso de esta magnífica civilización se produjo veinte años después de la conquista castellana. Desde 1264 a 1266 se produce la sublevación mudéjar en el Reino de Murcia y Alfonso XIII recurre a su suegro, Jaime I de Aragón, para apaciguar el reino. Éste devuelve el reino a la Corona de Castilla, pero lleva a cabo una brutal represión. Siyâsa, junto con Lorca, pagarán las más terribles consecuencias. Al no someterse mediante un pacto, toda la población es expulsada de la Medina. En un documento notarial de finales del siglo XV en Granada aparece la mención de una persona denominada Al-Siyâsí (El Ciezano), lo cual indica que uno de los puntos geográficos a los que se dirigieron los antiguos moradores de Siyasa fue éste. Aunque la fecha (cercana a la conquista de Granada por los Reyes Católicos y la posterior conversión forzosa de los musulmanes) indica que le auguraba un destino todavía peor que el destierro de Siyâsa.

Posteriormente, a partir de 1272, Alfonso XIII, facilita el repoblamiento con población castellana. Su presencia se halla documentada con varios grafitis, entre los que destacan el de un caballo que se puede contemplar en el Museo de Siyasa. Finalmente, Pedro de Fajardo, en 1457, destruye el castillo debido a los enfrentamientos que asolaban Murcia entre los bandos cristianos y la población se traslada al actual emplazamiento de Cieza, en la vega del río. Sin embargo, el gran peligro provenía de los ataques nazaríes del Reino de Granada. En el último de estos ataques, el 6 de abril de 1477, la villa fue incendiada, gran parte de la población asesinada y la restante marchó cautiva a Granada hasta su liberación por la toma del último reducto musulmán de la Península por parte de los Reyes Católicos.

El museo de Siyâsa

Ubicado en el edificio del emblemático Casino de Cieza, en el casco histórico de la ciudad, el Museo de Siyâsa se encuentra dividido en 4 niveles en su más de 1500 m2 de superficie. Fue fundado el 12 de mayo de 1999 y recibe entre 18000 y 24000 visitantes anuales. Dispone de guías en Braille y maquetas táctiles para los usuarios con deficiencia visual, algo único en el patrimonio museístico de la Región de Murcia. En su interior se disponen recreadas las casas 6 y 10 del yacimiento. “El museo es único en toda Europa al albergar una representación a escala real de las casas con su arcos originales”, afirma el director. Además, en estos arcos, era habitual la siguiente inscripción: “La felicidad y la prosperidad”, con la finalidad de que verdaderamente se atrajesen para la casa estos conceptos.

También se muestran en él numerosos objetos encontrados en el yacimiento como restos de caracoles y huesos de frutales, molinos, vasijas, hebillas, jarras, multitud de fragmentos de cerámica, objetos de vidrio y amuletos que nos indican el modo de vida de sus pobladores. Entre los amuletos destaca la Mano de Fátima, donde se pueden apreciar sus creencias espirituales y supersticiosas, lo cual nos dice que la férrea doctrina medieval religiosa no impidió que los creyentes siguieran con supersticiones paganas. En realidad, la Mano de Fátima es una representación árabe muy común en el Norte de África, adaptada a las creencias coránicas, de un amuleto de origen babilónico.

Se expone, además, un pórtico de la casa 10 compuesto por un arco polibulado de hojas sobre el que se desarrolla hasta el techo un paño de sebka. Este pórtico es la pieza de decoración arquitectónica más monumental  de la arquitectura almohade en Al-Ándalus después de La Giralda y Los Reales Alcázares de Sevilla.

Finalmente, posee espacios dedicados a la Paleontología y Arqueología preislámica en el cual se puede disfrutar de la Prehistoria, de la Cultura Ibérica, de la Romanización y de la Época Visigoda de Cieza. Un recorrido fascinante por la milenaria historia ciezana. Las iniciativas del Museo de Siyasa no cesan y mensualmente acoge exposiciones de gran interés cultural.

A modo de conclusión

El yacimiento arqueológico de Medina Siyâsa es uno de los más importantes de Europa, y único por su recreación museística a escala real y con las estructuras arquitectónicas originales, algo que le otorga un indudable valor añadido. Con él se puede documentar el modo de vida de sus antiguos moradores y ofrece una visión excepcional para reconstruir el periodo medieval islámico en la Península desde los XI al XIII.

En Siyasa floreció una próspera urbe árabe, trágicamente fenecida,  que basaba su existencia en la agricultura, la ganadería y el comercio. Conocer nuestra historia, además de suponer un placer artístico, erudito y espiritual, es conocernos a nosotros mismos. Como ya hemos mencionado en artículos anteriores, debemos ser capaces de apreciar y deleitarnos con nuestro majestuoso patrimonio histórico. En nuestra Región, y en España, poseemos un amplio patrimonio en relación con otros países que carecen de las huellas dejadas en el tiempo por las civilizaciones que han habitado esta tierra a lo largo de milenios: nuestros propios antepasados

Podemos relajarnos y disfrutar de unos días en Cieza. Pasear por su casco histórico, por el Paseo Ribereño a la vera del Segura, visitar el Museo de Siyâsa y aprovechar para hacer escapadas. Entre ellas destacan la del poblado árabe; la del Barranco de los Grajos y Almadenes con su majestuoso cañón horadado por el río, visitando las cuevas prehistóricas y las pinturas rupestres; y el yacimiento íbero-romano de Bolvax, al mismo tiempo que se practica senderismo en estas excursiones. Todo ello al amparo de un paisaje único donde se mezclan, cadenciosamente, la vegetación mediterránea (pinares, olivos y frutales), con la historia milenaria de nuestra Región. Un remanso de paz y erudición histórica, porque lo que nos rodea, nuestro patrimonio histórico, es maravilloso. En ocasiones buscamos maravillas fuera de nuestras fronteras sin percatarnos de que están ante nuestros ojos.

 

 

 

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