El miedo va en Delorean

Se respiró algo distinto esos días. Parecía tan irreal que llenaba las almas y las rebosaba, y corría por todas las calles como una corriente que inundaba de fuerza, optimismo y libertad cada rincón. Yo llegué a creer. Todas y todos creímos. Creímos en que el miedo estaba cambiando de bando. Esa primavera de 2011, la floración social parecía más clara que nunca, los frutos estaban ya por germinar. No llegó una ventisca y lo heló todo, ni una granizá que lo echase a perder; simplemente no pareció un terreno fértil. O quizás fue que Monsanto nos vendió las semillas infectadas sabiéndoselas desde el principio. Lo único que sabemos hasta la fecha es que el miedo no ha cambiado de bando.

Si viese las fotos de la actualidad cuando me encontraba en la plaza del Ayuntamiento de Murcia durante aquella primavera, empezaría a verlas borrosas. Todo el futuro que estábamos creando no era real. El miedo que mandamos rebotó con más fuerza y se impregnó como una masa viscosa que desde entonces nos hace movernos con mayor lentitud, pesa y hiende. El miedo que paraliza, que nos hace responder con el instinto reptiliano directo, sin canalizar. El miedo que nos hace aupar a la extrema derecha, para que nos proteja de las inseguridades que nos da lo diferente.

Bien lo explica Eric Fromm en su libro ‘El miedo a la libertad’. En él defiende que cuanto más poder se tiene, más se perjudica a la libertad y que la ideología que más se ajusta a esto es el fascismo. Según Fromm, el ser humano está dividido en dos partes: por una parte, los impulsos naturales del hombre (que son innatos y le permiten sobrevivir) y por la otra parte, la adaptación de nuestra personalidad a la cultura. Por lo tanto, cuanta más libertad tiene el ser humano más ‘individuo’ es, pero también le costará más relacionarse con los demás ‘individuos’ ajenos a su cultura, ya que lo encontrará extraño.

Otros libros de Fromm nos pueden ayudar a entender la sociedad actual, ‘El arte de amar’ o ‘Ser y tener’. Si cogiésemos lo indispensable del amor, la libertad y el ser como gasolina del condensador de fluzo del Delorean social, viajásemos a 2011 y alertásemos a nuestros yos de entonces, quizás no hablaríamos de esto. Pero estamos aquí, un recuerdo de los años 30 del siglo XX. Todo son recuerdos, pero no es posible viajar al pasado para prevenir, lo que sí podemos es aprender de ello. Regresemos a nuestro presente, luchemos por él, usemos esa gasolina para bombear el motor capacitador, que construya una industria de justicia social, democracia real y antifascismo.

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