Pensamiento, lenguaje y longevidad

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El ser humano envejece: entrenemos nuestra mente

María José Catanesi-Logopeda de Clínica Robles

Todos los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pero el ser humano, también, envejece y la vejez es una etapa que gracias a los avances de la medicina se extiende más y más. Que la longevidad aumente es una buena noticia, pero el cuerpo y el cerebro acusan el paso de los años y eso hace sonar algunas alarmas. Se nos presentan nuevos desafíos y acción-reacción, empieza a escucharse con fuerza la sigla EVLD (Esperanza de Vida Libre de Discapacidad) y crecen la medicina y las terapias preventivas.

Vivimos más años. El proceso neurodegenerativo se extiende. El desgaste del cerebro da lugar a una pérdida de funciones intelectuales que a su vez menoscaba nuestra vida laboral y social. La ralentización en los procesos del pensamiento y los problemas de memoria suelen ser los primeros que llaman nuestra atención.

El lenguaje es una de las funciones cognitivas más importantes de nuestro cerebro. Nos permite elaborar, comunicar y transmitir ideas. Y fundamentalmente, nos permite comunicarnos y disfrutar de nuestra vida social. Con los años, como todas las funciones cognitivas, nuestra capacidad de comunicarnos también envejece. Empieza a darnos trabajo recordar los nombres o perdemos fluidez verbal.

El hecho de que nuestro pensamiento y nuestro lenguaje estén sometidos indefectiblemente al paso del tiempo no quiere decir que debamos sentarnos a esperar sin más la aparición de ese deterioro. El ejercicio de nuestras funciones no nos permitirá frenar pero sí hacer más lento ese proceso, y mantener nuestras funciones más jóvenes. La sobresaliente neurocientífica, Rita Levi-Montesori,  fallecida a los 103 años sostenía:

“El ejercicio mental es la carta más alta de la que valerse: un as en la manga con el que contar siempre”.

La plasticidad del tejido cerebral

Muchos científicos contemporáneos coinciden en que el deterioro cognitivo podría prevenirse o incluso mejorarse con estrategias basadas en la plasticidad del cerebro. La plasticidad cerebral es la capacidad del tejido nervioso para readaptarse a situaciones nuevas, modificando su organización y funcionamiento. Esta neuroplasticidad, aunque disminuida, parece mantenerse durante toda la vida y eso implica que nuestro crecimiento adaptativo y nuestras respuestas de tipo regenerativo se encuentran preservadas.

Esto es válido, incluso, en las lesiones cerebrales. Por ejemplo, en la afasia, gracias a la plasticidad de los tejidos cerebrales y con el ejercicio de las funciones, el cerebro puede regenerar y reconstruir conexiones neuronales, realizando adaptaciones que aunque no reemplazan el tejido dañado pueden recuperar en gran medida la funcionalidad del lenguaje.

También, en otras enfermedades, como el Alzheimer o el Parkinson, el ejercicio de las funciones (cognitivas, lingüísticas y fono-articulatorias) pueden activar nuestras neuronas, ralentizar  el deterioro y hasta recuperar funciones perdidas.

Los aprendizajes nuevos, la actividad mental, la comunicación y la actividad social, son elementos básicos para mantener la plasticidad cerebral y remar hacia una EVLD.

Como los músculos, las neuronas también responden al uso activo y al entrenamiento. Ejercitar el cerebro y todas sus funciones cognitivas, lo mantiene activo y lo preserva. El abandono de las actividades intelectuales y sociales, por el contrario, favorece el deterioro y termina afectando a su funcionamiento poniendo en riesgo, también, nuestro estado emocional.

Existen muchas formas sencillas de luchar contra el deterioro de nuestra mente, como los sudokus o los crucigramas, los juegos de memoria o de estrategia, el aprendizaje de nuevas habilidades, el cambio de rutinas, la lectura y la escritura narrativa. También es interesante buscar nuevos grupos sociales con los que pasar buenos momentos, conversar temas de interés, leer, debatir o compartir actividades que pongan en marcha todas nuestras funciones intelectuales.

En definitiva, actitud positiva, vida social y mucha actividad parecen ser las claves para que vivir más pueda ser, también, vivir mejor.

 

 

 

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