Pepe Belló, la literatura y la capacidad de transmisión

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ISalinger seguro que viaja en tren

Es lunes y me siento a escribir mi artículo quincenal. Suelo tener varias ideas que explotar, las voy uniendo y jugando con ellas. Hoy no tenía nada que me gustase tratar en especial. Hay mucho de lo que hablar, cada vez más, todas las personas lo hablan todo. ¿Qué puedo aportar a toda esa verborrea constante? Más verborrea, estamos de acuerdo, y no se suele estar de acuerdo en esta sociedad. De mis últimas 76 horas, he pasado unas 18 en tren, algo que viene siendo habitual y tiempo que todavía no he sabido aprovechar. Suerte tuve que en este último pusieron una peli sobre la vida de Salinger.

Leí El guardián entre el centeno cuando hay que hacerlo, a finales de mi adolescencia. Salinger escribió parte de la novela mientras estaba en Normandía acaparando traumas, aunque estuviese salvando al mundo del nazismo. A eso me refería, eso sí que es saber lo que se quiere escribir, simple y llano. Estás viviendo uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX y lo que se te ocurre es escribir es sobre el fin de semana de un adolescente en Nueva York. Lo magnánimo de la historia siempre nos impide ver nuestro interior. Es por eso por lo que, en tiempo de crisis, las mentalidades se vuelven más conservadoras.

El propio Salinger, consiguió sobrevivir, volvió a Estados Unidos y publicó un fenómeno mundial, para luego dejar de escribir para el resto de las personas por haber perdido esa unión consigo mismo. En tiempos de crisis la gente es menos feliz, y, por lo tanto, tiene menos sueños idílicos, confía menos en tener un futuro lleno de vivencias y se enfrenta a la vida de una manera cuadriculada. Se quiere y se planea estructurar la vida cuanto antes, por tener miedo a sufrir la precariedad.

No me suele costar encontrar temas de los que hablar, pero sí que me cuesta el tener esa confianza en mi capacidad de transmitir y conseguir una mínima calidad que no me haga avergonzarme de mis palabras. Muchas veces dudo qué es lo que hace que un escritor sea un escritor, porque Salinger lo siguió siendo a pesar de haberse negado a publicar. El reconocimiento suele ser otro ápice, pero el arte es demasiado caprichoso. Bueno, en fin, a mí no me importa fracasar, voy a seguir cogiendo el tren, que tengo mil destinos a los que llegar.

 

 

 

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