Pepe Belló y los derechos humanos

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Por lo que somos, serán

El pasado lunes 10 de diciembre se celebró el Día Mundial de los Derechos Humanos. No debería tener sentido celebrarlo, pero parece que últimamente está aumentando una corriente de pensamiento liberal que nos hace asumir que todas las ideas son válidas y tienen cabida dentro de una democracia. Creo firmemente en que todas las personas deben tener la misma facilidad para conseguir su felicidad y su realización personal, y confío en la que la mayoría de ustedes también. Por eso, tenemos que hacernos miles de preguntas como sociedad si cada vez más personas votan a la contraposición y al atentado directo de la Carta de los Derechos Humanos. Y tenemos que aceptar, asumir, que debe ser posible que la mayoría de la población pueda encumbrar al poder un ideario que volatilice nuestra Constitución, nuestra libertad y no aceptar vínculos alguno con el pasado lunes 10 de diciembre.

Ante este panorama, solo nos queda postularnos y alzar nuestra voz, y crear identidad y pensamiento democrático. Una democracia real, efectiva, libre y poderosa no es la que vota cada 4 años, es que la revisa permanentemente para ir evolucionando como sociedad sin detenerse. En este momento, en Marrakech, se están llegando a acuerdos en una cumbre por la migración entre 156 países, de nuevo un pacto no vinculante. Y lo que vuelve a un pacto vinculante es su ciudadanía, su poder de decisión en el gobierno, que parece nula hasta que miras a Francia y sus chalecos amarillos. Obviando a la irresponsabilidad de los medios de desinformación.

Parece inevitable posicionarte en estos, así que yo

Soy de Malcom X, no de los que quemaron su casa.

Soy de Luther King, no de los que ahorcaban a sus colegas.

Soy de Berta Cáceres, no de los que asesinaron su voz para teñir el Amazonas.

Soy de Mandela, no de los que encarcelan ideas.

Soy de Tamimi, o de los que aplastan con tanques derechos.

Soy de Allende, no de los que redujeron a cenizas la ilusión por el futuro.

Soy de las madres de la Plaza de Mayo, y no de quien les hizo desaparecer la justicia.

Pero sobre todo de los millones de anónimos que alzan el pecho para revelar y hacer frente a las injusticias, a las opresiones, a la indiferencia, a los asesinatos, a la tortura, a la intolerancia. No al pacto del miedo. No al pacto del silencio.

Hasta que, parafraseando a Isaías: “forjarán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra”.

 

 

 

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