Vergara Parra reflexiona sobre el uso peligroso de la palabra

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De los TROPOS y algunas postrimerías

Entiéndase por tropo el uso impropio aunque inteligible de las palabras. El escritor u orador huye del uso convencional de las palabras e, imprimiendo una inventiva e ingenio particulares, muta el significado original de las mismas. Las motivaciones son dispares mas todas participan de, al menos, dos características: la evolución de la cultura y el deleite intelectual.

El arte de persuadir con la palabra (la retórica) está indisolublemente unido a la democracia. Seré más concreto. El origen de la retórica, entendida como técnica para persuadir con el lenguaje, lo encontramos en la Sicilia del siglo V a.C. Tras el derrocamiento de la tiranía y el gobierno autocrático de Sicarusa y Gela y la posterior instauración de la República, hallaremos un movimiento cultural e intelectual de primer orden, en el que la palabra y la razón serán los instrumentos más sublimes.

Lamento decirlo pero corren tiempos decadentes. La palabra ha sido degradada con tal virulencia que ya no sirve a los elevados fines de tiempos pretéritos. La sociedad se ha vuelto temerosa y frágil y hasta tal punto nos asusta la realidad que retorcemos el lenguaje para esquivarla. Es como si el lenguaje y la evidencia fuesen líneas paralelas condenadas a una eterno desencuentro. Entre nosotros se ha instalado un despotismo semántico de incierta aunque presumible génesis.

Usar el lenguaje con propiedad y llamar a las cosas por su nombre se ha erigido a una sublevación liberadora, en un motín reconfortante. En la Sicilia del siglo V a.C. el adversario fue un tal Trasíbulo; hoy, en su lugar, hallaremos  la manipulación y la falsedad. Salvo honrosas excepciones, el discurso y dialéctica políticas han quedado reducidas a una eterna perífrases, a un recurrente circunloquio. El eufemismo, la hipérbole y el oxímeron han venido para quedarse. Y esto en el mejor de los casos porque un odio atávico y visceral está socavando todo intento de diálogo entre nosotros. Los medios de comunicación, las personalidades con proyección pública y, en suma, quienes pueden y deben actuar como mentores de nuestra sociedad tienen una honda responsabilidad.

Quien osare contravenir estas normas, no escritas pero vigentes, quien se  aventurase en el uso de la palabra franca, pudiera ser condenado a galeras mas no importa demasiado porque, como Judá Ben-Hur, antes remar soñando que claudicar muriendo.

Vergigracia.

¿Por qué llaman progreso al desprecio de la vida humana desde el mismísimo y milagroso momento de su concepción?

¿Por qué llaman democracia donde reina la oligarquía económica?

¿Acaso nadie entiende que donde faltan o escasean las obligaciones, antes o después, los derechos serán una mera ensoñación?

¿Alguien duda que para ser realmente libres habremos de ser esclavos de la Ley?

¿Desde cuándo la cultura se escribe con K?

¿Por qué hablamos de Estado DE Derecho donde solo hay un Estado CON Derecho?

¿Qué mal hay en ser conservador si algo merece ser conservado?

¿Qué mal hizo un retrógrado por retrotraerse a un tiempo quizá mejor?

¿Qué tiene la izquierda de siniestra y qué de diestra la derecha? O viceversa.

¿Qué tiene de liberal un sistema que esclaviza?

¿Alguna vez llegaremos a entender que la igualdad bien entendida es tratar desigualmente situaciones desiguales?

¿Por qué llamamos matrimonio donde solo anida la apariencia y negamos esa misma naturaleza donde hay amor y respeto?

Si las armas las carga el diablo, ¿por qué le provocamos continuamente?

¿Por qué decir solidaridad y no humanidad?

¿Qué diandres tiene de civilizada una sociedad donde las drogas, el juego o la prostitución campan a sus anchas?

¿Estado del Bienestar? ¿Qué entelequia es esa? Mejor Sociedad del Bienestar.

¿La homosexualidad una enfermedad? Patología y grave la de quienes así piensan.

Si la información es una ventana al mundo, ¿por qué la cubren con estiércol?

¿Por qué reverenciamos al dinero y reímos a carcajadas ante la bondad?

Si la Ley vino a hacernos iguales, ¿porqué algunos son más iguales que el resto?

¿Por qué insensata razón llamamos pluralismo y diversidad a la desigualdad efectiva entre españoles, la deformación de la Historia o al hediondo supremacismo biológico?

Si la moderación es inacción y la radicalidad pasión razonada por las ideas, ¿qué tiene de bueno la primera y qué de malo la segunda?

¿Qué tiene de vanguardista una sociedad que cuestiona un salario mínimo interprofesional de 900 euros?

¿Alguna vez llegaremos a entender que democracia y respeto son conceptos indisociables?

Si el nazismo es la abreviatura de la voz “nacionalsocialismo” que, en síntesis, vino a combatir el racionalismo de Descartes y Kant, es decir, la fuerza de la RAZÓN, ¿por qué infundado motivo se llama nazi a quien esgrime razones aunque no se compartan?

¿Por qué el engaño y la falsedad son políticamente correctas?

Parece evidente que la adulteración del lenguaje altera hasta tal punto la realidad que ésta acaba siendo inabordable. No seamos cándidos. Ahí fuera hay gentes esculpiendo palabras, ideando aforismos y pervirtiendo el lenguaje en pro de intereses nada recomendables. Ha llegado la hora, siempre lo fue, de rendir culto a las palabras y de usarlas como es debido en beneficio de todos. Seamos osados y usemos el lenguaje para esclarecer la esencia de las cosas. He tomado la firme decisión de refugiarme en la cultura, particularmente en la escritura.  En la cotidianeidad del día a día apenas hallo resquicios para respirar. Servidumbres plomizas intentan adormecer nuestro espíritu originariamente indómito. La cultura honesta y descarnada agita mis entrañas con una virulencia otrora adormecida. Entre libros, óleos y corcheas la vida fluye serena. Seremos polvo que a la tierra ha de volver mas la cultura habrá de sobrevivirnos. No me busquen, porque no me hallarán, en esa Kultura cainita, embustera, soberbia y estereotipada que no anhela transformar realidad alguna, pues le es suficiente con rendir pleitesía a esa parte de la sociedad con quien comparte idénticos atributos. No. Mi interés es bien distinto. Me interesa la verdad desnuda, sin aditivos ni camuflajes; libre del yugo de la censura que candorosamente creíamos extinguida. Me fascina la cultura en cuanto la forma más elevada y hermosa de libertad pero no crean; la corriente es demasiado fuerte y dan ganas de dejarse arrastrar por ella. Bastará con permanecer inmóvil y aceptar cuanto el azar nos depare. Suele deparar mejores dividendos y, por ello, mayor respeto incluso entre quienes, supuestamente, te quieren bien. Quizá asistamos indefensos a una maldita farsa donde al amor y la honra se compran en el mercado. ¿A quién carajo le interesa la decencia, la virtud y los renglones rectos? ¿Acaso cotizan en bolsa?

Aquestas aspas cervantinas son demasiado grandes y tan cercanas que apenas me quedan razones para embestirlas. De insistir, seré volteado y enérgicamente despedido y mis huesos no aguantarán mucho más. Lo presiento.

 

 

 

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