Aurelio Guirao, editor de una obra completa

Con motivo de cumplirse el 24 aniversario de la muerte del poeta ciezano Aurelio Guirao, este artículo de quién colaboró muy intensamente en que se publicara su  Obra Completa en 2006

Ramón Jiménez Madrid, escritor, profesor de Literatura y Exdirector de la Editora Regional

En aquella recoleta Universidad murciana de mediados de los sesenta, regida por el omnisciente Manuel Batlle y su lugarteniente Luciano de la Calzada,  todos los estudiantes nos conocíamos sin que fuera necesario mediar presentación. Éramos pocos los hombres -y muchos de ellos procedían del Seminario y eran expertos en lengua latina- y muchas las mujeres porque en aquellos días era la clase femenina la que se entregaba con desvelo y preferencia a luchar por la educación en colegios e institutos. Allí, en aquella Facultad de Filosofía y Letras,  conocí a Aurelio Guirao, aunque fuera un par de cursos superior al mío. Un primer y efímero contacto que solo servía para columbrar su porte serio y misterioso, encorbatado -era de obligado cumplimiento la prenda para recibir lección literaria- y su rostro moreno, movido en el pequeño bigote por una tenue sonrisa que le atravesaba el rostro, un rostro que siempre me ha recordado, sin que exista explicación racional,  la imagen del intelectual, enamorado de la belleza, de Thomas Mann en Muerte en Venecia.

Se decía que era rico de familia -con cines y empresas varias- cosmopolita, viajero incansable y que lo mismo podía elegir Filología Románica que la Francesa, en aquellos días en que la licenciatura te posibilitaba participar en ambas. Pero él se inclinaba por la segunda si se tiene en cuenta que dominaba a la perfección el idioma galo, fuente de gran parte de su intensa y radical inspiración poética. Y lo veíamos en aquellos días corretear por la nueva Facultad, la que estaba frente a Química tras abandonar el claustro de Derecho, con Rosarito Pérez Cuenca, la que sería su mujer más tarde.

Y lo perdí de vista porque, entonces, al culminar la carrera, era fácil colocarse en las secciones delegadas o en los institutos que estaban naciendo como champiñones en el bosque. Y poco a poco me fueron llegando sus libros a través de José Luis Martínez Valero -con el que le unía una estrecha amistad y una larga camaradería y que tiene mucho que añadir en su conocimiento- y unas pocas conversaciones en las veces que coincidíamos en la casa de José Luis, él ya con el su problema a cuestas, su amargura existencial y su silencio tan expresivo. O en aquellos primeros actos que fomentaba la Sierpe y el Laúd en los albores de su presencia.

Por eso, cuando el azar quiso que Ángel Almela, a principios del año 2006, se dirigiera a mí como director de la Editora Regional, no dudé, pese a los escasos recursos de la institución, en sacar adelante la obra completa de uno de esos escritores murcianos que estaban pidiendo a gritos su publicación para una mayor distribución de su obra, mucho más cuando el apoyo contaba con la colaboración de su pueblo natal y de la asociación La sierpe y el Laúd, que tantos mérito atesora en su lucha por la palabra literaria. El texto, al cuidado de la imprenta San Francisco, se compuso de manera vertiginosa en los primeros meses del 2006 y ya que en mayo fue presentado en Cieza, y encajó en lo que denominé Textos plenos, junto con los de Carmen Conde, Josefina Soria  o García Aguilar, para diferenciarlos de aquellos otros que empezaban -a los que llamaba Textos Jóvenes- y de los centrales, aquellos que estaban escritos por artistas en su madurez.

Por eso ahora, al cumplirse veinticuatro años de la muerte del poeta, me cabe el privilegio de haber sido editor de la obra completa, que estaba desparramada, de Aurelio Guirao por vez primera. Un poeta serio, difícil, complejo, abierto a tantos horizontes lejanos como a diversos registros, amigo de lo íntimo, de la soledad y cercano al desgarramiento interior. Unamuniano y rompedor, desgarrado y sincero. Un corazón chorreando dolor contenido, palabra segura y verdadera. Todo un honor para mí.

 

 

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