Desgobierno a distancia

Antonio-Balsalobre-cronicas-siyasaTrump desgobierna el mundo a base de tuits. Incendia el planeta desde las redes sociales. Y lo hace en la cama, casi siempre loco de ira, mientras ve las noticias en la tele y se bebe una Coca-Cola.

Rajoy lleva también años desgobernando España y no siempre desde la Moncloa. Hubo una época, la mejor para él, en que lo hacía desde una televisión de plasma o desde el ordenador de Bárcenas. Ahora ya no sabemos ni siquiera desde dónde nos desgobierna. Quizá escondido tras la justicia y entregado como siempre a los poderes financieros y el mercado salvaje. En esto empieza a parecerse cada vez más a Franco que zanjaba las discusiones entre sus ministros, cuando la cosa se ponía fea, invitándolos a seguir sus pasos: “Hagan como yo –les decía- no se metan en política”. Que viene a ser lo mismo que hace el presidente del Gobierno ante el problema catalán o parecido a lo que le contestó a un periodista radiofónico cuando le preguntó por la obscena brecha salarial que todavía sigue existiendo entre hombres y mujeres: “Mejor no nos metamos ahora en eso”.

En cuanto a López Miras, ¡Ay! “nuestro” presidente, ese hombre de paja, ese regente impuesto, que ni gobierna, ni desgobierna, sino todo lo contrario, cuando algo hace, dicen que es teledirigido. Teleguiado por un expresidente dimitido que quiere seguir manejando los hilos de San Esteban. No por casualidad le debe Miras todo lo que tiene. Un vasallaje públicamente reconocido cuando tras “llorar todo lo que tenía que llorar” le dijo agradecido a quien lo había nombrado: “Aquí estoy, ¡a tus órdenes! Y bien que está a sus órdenes. Ya es vox populi que todas las mañanas, desde San Esteban, Miras envía a una secretaria, de nombre bíblico, al despacho de su predecesor a que este le dicte el orden del día. A recibir órdenes, vamos. Y bien que las cumple. Podría utilizar el teléfono, el correo electrónico, dirán algunos, pero eso, con tantas causas pendientes sería una operación de alto riesgo.

Tampoco se queda atrás, en este inventario de desgobiernos, Puigdemont. El ínclito y fantasmagórico Puigdemont. Ese espectro que quiere seguir desgobernando Cataluña pero ahora telemáticamente. Primero como tragedia y ahora como farsa.

A decir verdad, el desgobierno a distancia no es nuevo en la historia de la humanidad. Los dioses griegos lo ejercían, con malas artes y crueldad, cuando regían el destino del mundo desde su morada en el Olimpo. Así nos lo trasmitieron los griegos y así lo dejó escrito Homero.

El loco empeño de Puigdemont, que desde su Olimpo belga esta empujando a Cataluña al abismo, enrocado en su egocentrismo, nada tiene que envidiarle a la furia de algunos de aquellos dioses. Al que menos, a Saturno, que melancólico y destructor devoró a sus hijos.

Para ganar tiempo, Torrent, presidente del Parlament, ha aplazado sin fecha el pleno de investidura previsto para el martes, aunque mantiene a Puigdemont como candidato. Pese al empecinamiento, hay ya en el bando independentista quien estaría dispuesto a sacrificar al “expresidentent”. Más si cabe después de que se hayan dado a conocer sus tuits en que se declara abatido y traicionado por los suyos. “¿No ha habido patriotas a lo largo de la historia que se han tenido que sacrificar con el fin de ir avanzando?”, se preguntaba el otro día Tardá.

Si sacrificio hay, la alternativa inviable podría ser, según algunas quinielas, Jordi Sànchez, “expresidente” de la ANC, detenido en prisión preventiva en la cárcel de Estremera. Un nieto lejano de Puerto Lumbreras cuyos abuelos se marcharon a Cataluña en busca de una vida mejor y que ahora ve en el independentismo y la segregación la solución a los problemas del mundo.

Ahora bien, si difícil iba a resultar seguir desgobernando Cataluña telemáticamente desde Bruselas, tanto o más lo será hacerlo desde la cárcel y también a distancia.

 

 

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