El incivismo, según María Bernal

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Nos corresponde a todos

El alcohol es el mayor enemigo de un cuerpo que no puede controlarlo, ni tolerarlo. ¿Cuántas campañas ha habido para concienciar, principalmente a los más jóvenes, que han hecho de esta droga su estilo de vida durante los fines de semana, en las fiestas de facultades o en las fiestas de pueblos?

En la feria de cualquier pueblo o ciudad observamos cómo la mayor parte de los jóvenes muy muy muy menores de edad (y este dato sí que es preocupante), no todos, pero sí, una inmensa mayoría, se desmadran hasta el punto de cometer hechos como: orinar en la vía pública, insultar y ser partícipe de peleas, mantener relaciones sexuales sin saber con quién en muchas ocasiones, destrozar mobiliario urbano… entre otros actos, que los convierten en el mayor exponente del incivismo.

Hace aproximadamente un mes, se celebraban en Cieza las fiestas en honor a San Bartolomé, patrón de nuestro municipio. Una de las noches que estuve en la zona de tascas, muy bien vigilada, por cierto,  asistí a un episodio francamente de canibalismo cuando comprobé desde lejos (porque a fin de cuentas no es que sean muy valientes) cómo un chico de unos 14  años aproximadamente, pienso que no tendría más, a las 3.35 horas,  estaba golpeando fuertemente una señal de tráfico. Yo no era quién para llamarle la atención y mirad que tengo tacto con esas edades. Pero no tuve por qué implicarme en una actuación que no me compete. Y más, después de haberse producido situaciones de “si te metes, te pego”.

Entonces te paras a pensar: «Si la señal  se rompe por culpa de esa actitud y le cae encima, pedirá responsabilidad al Ayuntamiento que, sin más remedio, tendrá que indemnizar a esa persona. Y, ¡ojo! si no lo hace. En lugar de darse cabezazos contra un muro de hormigón, arremete contra una señal. ¡Oye! Y no les da por coger una “azá” y quitar hierba de los terrenos del pueblo.

¿De quién es la responsabilidad? ¿Del Ayuntamiento? No. Porque este año ha llevado desde el principio una campaña bastante acertada (en cuanto a pensamiento se refiere) para el reciclaje y la limpieza de la vía urbana. Pienso que en cuanto a reciclaje se refiere, porque a la gente es que le importa una mierda la concienciación, y a las pruebas me remito: los terrenos que hay en las inmediaciones de la zona de las tascas, todavía están llenos de vasos, botellas, papeles… Y ahora vendrían los argumentos tales como: “es que si hubiese contenedores”. ¿Para qué? ¿Para montarse en ellos? ¿Le echamos la culpa entonces a la Policía? No. Demasiadas gilipolleces tienen que aguantar, numerosas faltas de respeto de esas criaturas que salen a ponerse hasta el culo de alcohol u otras sustancias. ¿Es la culpa de los padres? No. Me apiado muchísimo de ellos y de las circunstancias a las que se enfrentan para educar en este siglo.La responsabilidad es, sin duda, de la actitud y pensamiento de cada uno de nosotros. Se les echa la culpa constantemente a los padres, a la educación que han recibido en casa. Ante esta culpabilidad, discrepo en cierta parte. Por un lado, conozco muchos casos de familias de bien, en las que se ha inculcado una educación considerada (yo misma la he visto con mis propios ojos), y sin embargo, los nenes han volado del nido para salir de fiesta por primera vez y, al parecer, se han olvidado de todo lo aprendido en casa. Porque lo único que saben hacer muy requetebién es desfasar, como ellos mismos aseguran.

Por otro lado, es muy difícil controlar al hijo que sale de fiesta y hace lo que le sale de las pelotas (porque se creen los putos amos y como son menores, saben que la repercusión va a ser mínima) salvo que sea reincidente y ya se tomen medidas judiciales con el sujeto. No obstante, a más de uno de estos niñatos y niñatas con trece, catorce y quince años, vaso en mano y cigarro en la boca, habría que explicarles severamente, y que conste que no me refiero a emplear la violencia, que ellos ponen en sus manos cada vez que se les antoja, cuáles son las consecuencias de una noche de desenfreno porque no están los suficientemente capacitados para controlar.

Y no, no me refiero a castigarlos con violencia, sino a los castigos que más les duelen, como dejarles sin salir, esconderles el móvil, que para ellos supone el marcapasos que los mantiene con vida, prohibirles la entrada a locales o someterlos a trabajos sociales. Pero nada de pintar vallas o barrer parques. No. Vamos a someterlos a experiencias tales como limpiar los baños públicos de un local de copas, esos que recuerden a través de arcadas todos los días de su vida. Así, aprenderán a respetar y pensarán en el personal que tiene que hacer doble trabajo por culpa de su actitud.

Y entonces, el pueblo entero se echa las manos a la cabeza y exige a través de redes sociales una respuesta. Una actitud que, para mí, resulta la manera más absurda de quitarle el mochuelo de encima a muchos de los malcriados que tenemos actualmente en esta sociedad. No entiendo esas fotos por redes sociales mostrando la suciedad en las calles, los contenedores repletos de muebles viejos o bolsas de basura y/o los restos de una noche de fiesta, bajo el título de “A quien corresponda”. No, perdone. El concejal competente en esos servicios no se va a poner el mono y los guantes y va a ir a limpiar lo que los cerdos de muchos ciudadanos vierten a merced de que los servicios de limpieza estén continuamente detrás de sus actos o detrás de las borracheras violentas (en algunos casos) que se producen todos los fines de semana.

Desde mi punto de vista, es inadmisible exigir más limpieza urbana y más seguridad si en cada punta de la ciudad hay alguien cometiendo una leve fechoría (porque no sé cómo catalogar estos actos). Pero sí es urgente exigir un comportamiento adecuado, una realidad que hay que  inculcarles día tras día, constantemente, sin cansarnos de repetirles siempre las mismas palabras y educándolos desde el respeto y el sacrificio. De este modo, se podría evitar un despliegue de seguridad y limpieza que tanto se está reivindicando y que nos cuesta tanto a todos los ciudadanos. Hay un servicio respetable que sería suficiente si el talante de cada persona fuese el adecuado.

Ahora bien, si el alcohol, que no pueden controlar las personas, es el causante de tanta violencia y tanto destrozo urbano, urge, pues, una cura de desintoxicación. Porque aunque suene exagerado, el consumo se ha multiplicado en los últimos años. O, ¿qué creen que llevan sus hijos en las bolsas negras que sacan de determinados establecimientos? ¿Palomitas? No. Botellas y botellas que lo único que provocan es que la ciudad se conserva hecha un auténtico vertedero, entre otras cuestiones.

Por tanto, dejemos de lanzar fotos de denuncia social y empecemos por darles una escoba a nuestros hijos cada vez que salen de fiesta, para que no se les olvide recoger la marranería que dejan cada vez que hacen botellón.

 

 

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