El paseador de perros

Antonio-Balsalobre-cronicas-siyasaAlguien dijo que las musas suelen visitarnos en el tajo. No es cierto del todo pues no es inusual que nos den esquinazo. Me agrada juntar letras y sacar al alma de paseo. Cuando abro mi portátil y me enfrento al albo y yermo fondo de la pantalla, las dudas y la pasión intentan abrirse paso a codazos. No es fácil; nada fácil contar cosas que conmuevan corazones ajenos y apacigüen al propio.

La realidad es tozuda y elocuente pero no estamos todo lo atentos que deberíamos. Permítanme que les cuente algo que logró emocionarme hace unos días.

Para preservar identidades, alteraré algunos detalles y falsearé nombres mas les aseguro que la esencia de esta historia es verdadera. Millones de personas están pasando por severas dificultades, mitigadas, en parte, por las pensiones de los mayores, por la justicia social y caridad particular. En el desempleo, la precariedad y en la alarmante subida de los precios encontramos el origen de tan manifiestas estrecheces, cuando no carencias graves.

Muchas de esas personas se ven compelidas a solicitar créditos, no para costear caprichos suntuarios sino para llegar a fin de mes con algo de dignidad. Lo que les ocasiona un perverso problema: se endeudan porque no llegan pero menos llegarán porque habrán de pagar las deudas.

Hace unos días, un amigo debió sentir la necesidad de confesarse conmigo. Me contó cómo, a pesar de su exiguo sueldo, conseguía sobrevivir y cumplir fielmente con sus obligaciones de pago. No sin dificultad, me relató que se ganaba un dinero extra paseando perros y bajando la basura de personas mayores o enfermas.

– Mientras me contabas esto he visto algo de vergüenza en tu rostro. Le dije.

-Así es. Me contestó.

-Mira amigo. No has de sentir sonrojo alguno. Al contrario. Debes estar muy orgulloso por ganarte un dinero de forma limpia y honrada. Hacía mucho tiempo que no escuchaba algo tan hermoso.

-¿Lo dices de verdad? Me inquirió.

-Claro que sí. Le respondí. En medio de tanto lodo, de traiciones, de codicia, de atajos y trampas, tú ganas el dinero de forma honesta. No hay trabajo indigno. Infame es quien roba, hurta, engaña y se aprovecha de la penuria ajena. Por mucha distinción que compren con ese sucio dinero, no son más que basura.

Confieso que mientras intercambiábamos estas palabras, ambos fuimos presa de una sincera emoción; por motivos dispares, seguramente. Él debió experimentar un sano y bienentendido orgullo y yo lagrimeo con facilidad; a veces de tristeza y otras, como es el caso, de alegría. La verdad publicada,  radiada o televisada no es toda le verdad. A veces, por no ser, no es más que una burda patraña.

Entre tanto latrocinio, mil veces vociferado, alegra saber que hay millones de españolas y de españoles que ganan el pan con el sudor de su frente y no con la exudación ajena. Frente a esa España pícara y desvergonzada, hay otra bien distinta e infinitamente mejor en la que pocos reparan. Es entonces cuando todo cobra sentido. Esa es la España en la que creo, la que quiero, por la que suspiro y merece la pena aventurar la vida. El mal no es solo la ausencia del bien; es, ante todo, la tibieza de éste ante aquél.

Hay muchos marcelinos y muchas marcelinas por los campos de España; que madrugan y trasnochan, que laboran y no engañan.

Marcelino; amigo mío. Ve tranquilo y alza la frente que es honra, y no bochorno, lo que ha de verse en tu mirada. Un honor ser tu amigo. Un verdadero honor. De veras.

Fdo. José Antonio Vergara Parra.

 

 

 

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