María Bernal destaca la importancia del «guardián de vidas»

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Homenaje a un guardián de vidas

¿Por qué no revelar la identidad de esos seres que quieren pasar desapercibidos porque tienen un estilo de vida desinteresado de toda esa popularidad que merecen, y solo viven para trabajar incansablemente para ayudar en todo momento a los demás?

A veces, es tan difícil agradecer la labor de esas personas que te ayudan de manera incondicional, que nos da la sensación de que vamos a estar en deuda con ellas toda la vida. En deuda, porque actualmente, en el siglo de los agobios, del cansancio, del trabajar bajo mínimos y del querer destacar por encima de las personas;  todavía queda gente que se aleja de estas realidades dañinas y te hace creer en otras posibilidades ,además de dar cierto sentido a lo que te rodea, una vez que las conoces.

Aunque lo he intentado muchas veces,  y esta persona, por humildad y profesionalidad, se ha negado, debido a que para él no hay mejor y único agradecimiento que las palabras de “muchas gracias por haberme atendido”, no se me ocurre otra manera de compensar su labor (siendo consciente de que no es suficiente y de que le debo no la vida, pero si una cuarta parte de ella) que  homenajeando su persona, su profesionalidad y su existencia a través de estas líneas.

Nuestro servicio de Urgencias del hospital de la Vega Lorenzo Guirao tiene desde hace diez años un nombre que identifica a un médico, al que admiro notoriamente por razones tan evidentes y tan profesionales  como son su dedicación, honestidad, paciencia,  sacrificio  y  talante infinito para trabajar,  sin ser el cansancio (motivo de vagos e ineptos) un obstáculo para seguir; sin ser las preguntas, a las que  probablemente sea sometido diariamente fuera de su puesto de trabajo, un estorbo, a pesar de que este hecho le suponga desatender  su vida íntima y social; y sin tener jamás una palabra hiriente para nadie, a pesar de la intransigencia de los pacientes.

Mi admiración hacia este médico y, quizá la de las personas que lo conocen, nace, sin duda alguna, por tener casi la palabra exacta y el tratamiento oportuno en el momento más crítico de la vida de sus pacientes. Escribo casi, porque sé que cuando lo lea, no va a considerar que sea perfecto cada vez que tiene que realizar un diagnóstico. Pero como soy soberana de mis palabras y de mi opinión, lo apunto, lo destaco y lo subrayo, aunque es cierto que optaría por omitir ese “casi” que dejo por él y por su negativa a recibir halagos (y que conste que yo no soy de halago fácil, muy pocas veces lo hago, solo cuando la situación lo requiere). Y, si a esta situación le añadimos unas altas dosis de analgésicos como la bondad, la ternura, la dulzura y la sabiduría, pues nace esa persona a la que debemos venerar de por vida. Él es el doctor Daniel Lucas Aroca.

Puedo asegurar sin pretextos que él tiene el don de ser verdaderamente caritativo, de entregarse de manera incondicional, haciendo caso omiso a las posibles críticas, puesto que a pesar de proteger vidas, habrá quienes no estén de acuerdo conmigo, opinión que tampoco va a cambiar mi manera de pensar. Pues,  a pesar de las quejas habidas y por haber, ya que para muchos no será oro todo lo que estoy haciendo relucir en este artículo, el doctor Lucas  tiene la santa paciencia de lidiar con la mejor de sus sonrisas. Pero sé lo que escribo, afortunadamente he tenido la oportunidad de conocerlo y, como consecuencia, el derecho para poder hablar o escribir sobre él.

En un momento crítico a nivel emocional de mi vida, tras años habiendo seguido las directrices de otros médicos que me atendían en Urgencias por una patología leve, pero que me estaba agotando, apareció él para conducirme por el único camino que tenía que recorrer. Y, aunque ese camino no era el que yo quería seguir, es más nunca se me habría pasado por la cabeza recorrerlo, sí es cierto que me lancé por esa senda,  gracias a él y a la visión de la vida, que huye de los patrones convencionales y que es capaz de transmitirte. Siete meses después de haberle hecho caso, es cuando me veo mejor y en la obligación, sin esperar nada a cambio, de agradecerle de manera pública el que haya sido capaz de reconducir, junto a la ayuda de otro gran profesional, mi carácter y mi forma de actuar, entre otros aspectos clínicos que ya pasan a ser de carácter privado.

Por toda tu atención ilimitada, por tu confidencialidad como experto, por ser diferente a los demás en tu lucha tenaz  a la hora de estudiar e investigar  perennemente por el bien de tus pacientes, eres digno de toda mención y reconocimiento, tal vez escaso en este artículo. Pero es el tiempo el que se encarga de premiar y distinguir  a las personas tan carismáticas como tú, casi en peligro de extinción. Por eso, ojalá que puedas vivir durante muchos años, te lo desearía eternamente para que las generaciones venideras tengan contigo la seguridad, que los pacientes de este hospital tenemos, sabiendo que vas a estar tú.

Me atrevería a decir, bueno no es que me atreva, es que lo afirmo y lo seguiré haciendo hasta el último día de mi existencia, esté donde esté, y con letras mayúsculas lo siguiente: la Medicina tiene a grandes especialistas en todo el mundo, y, aunque según tú, todavía te queda mucho que aprender, yo digo que  uno de los mejores inmunólogos y urgenciólogos lo tenemos nosotros, los ciezanos.

 

 

 

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