Presas de la danza

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         Imagen de Claudio Pallazzo

    ENTREVISTA

La artista ciezana, Nuria Gil, bailarina y coreógrafa, estrena en Madrid su nueva obra

Miriam Salinas Guirao

Nuria baila desde los dientes de leche. Más de quince años arrastra en sus pies de dedicación a la danza. Desde los ocho años que empezó en la Academia de danza Lola Navas: “Porque vi a mi prima bailar y dije: “Yo también quiero”. También estuve en Coros y Danzas de Cieza, y tanto mis profesoras de jota como de ballet coincidieron en que tenía aptitudes. Hablaron con mi madre y me propusieron entrar al Conservatorio de Danza de Murcia, a los 10 años. En Murcia estudie danza clásica y en Madrid en danza contemporánea.” Obtuvo la titulación superior en Coreografía e Interpretación de Danza Contemporánea, Especialización en Coreografía.

Ahora ha estrenado ‘Presas del Olvido’, una pieza de danza y memoria histórica basada en los testimonios de Tomasa Cuevas y otras mujeres que fueron represaliadas en las cárceles franquistas por su lucha en defensa de la Republica y la libertad. Se baila, en una hora, contra el olvido. Mamen Agüera junto a Nuria Gil y Patricia Gimeno dotan de  cuerpo y alma a aquellas mujeres bajo la dirección de la compañía de danza The Little Queens. La música de la obra es de Daniel Salamanca y David Morales. Este nuevo trabajo estará disponible hasta enero en La Puerta Estrecha, en Madrid, aunque la intención es llevar el espectáculo a diferentes provincias de España.

Presas del Olvido

Nuria actúan en la pieza como interprete, “algo inusual porque trabajando como creadora, te toca hacer de bailarina, regidora, coreógrafa y asistente de iluminación”, explica con una sonrisa de alivio. La obra está inspirada en los documentos de Tomasa Cuevas, presa “que cuando salió de la cárcel cogió una grabadora antigua y se fue pueblo por pueblo para recoger los testimonios”, cuenta Nuria. ‘Presas del Olvido’ se basa en los testimonios de mujeres que pasaron muchos años en las cárceles: “Entraban con apenas dieciocho años y salían a un mundo distinto. La juventud la vivían entre rejas, no reconocían a la España que dejaron. El proceso de reinserción con el calificativo de “roja excarcelaría” no les ayudaba. Se sentían, únicamente, cómodas en la sociedad con sus propias compañeras de cárceles.”

En la obra danzan expresando a través del cuerpo los testimonios: “Trabajábamos con textos y con la emoción de las palabras que construyen el movimiento. El proceso creativo me invitaba a quedarme quieta y acercarme a imaginar porque hay testimonios bastante duros y oscuros que muestra las atrocidades del ser humano”, cuenta Nuria con la voz firme. Ella se queda con el entusiasmo y la valentía que dentro de la adversidad vivían. Cuentan historias de alegría cuando se miraban las unas a las otras, rapadas, al verse el pelo que les habían dejado.  “Eso aparece en la pieza. Evidenciamos la crueldad pero también queremos liberar tensión. Hay momentos de diversión que equilibran, fueron mujeres muy valientes. Yo no sabía lo que se había vivido en las cárceles para mí ha sido un descubrimiento: es necesario que existan proyectos así.”

“Es necesario que existan proyectos así”

En sesenta minutos cargan de contenido el escenario: torturas, miedo, compañerismo, alegría, dolor, música y movimiento hilado con el recuerdo.

Nuria recuerda una de las escenas más duras que interpreta: “La más intensa, la escena en las cárceles de madres que eran como cementerio de niños. Llevaban a las mujeres republicanas a parir allí, no te daban de comer, tenías que dar a los niños al hospicio. En plena actuación, pensé: “Hostia, que voy a llorar en escena”. Yo no tengo un instinto maternal súper desarrollado pero por mi condición de mujer, y aunque no quiera una maternidad para mí, representar a las madres que estuvieron en esas cárceles que tuvieron que dejar a sus hijos, fue muy duro. Yo escenifico como buenamente puedo. Me he formado en danza, no en teatro, Es un reto para mí, además de bailarlo interpretarlo, intentar reflejar una experiencia que no he vivido”.

En el documental  ‘Del olvido a la memoria. Presas de Franco’ Trinidad Gallego, mujer presa, declara: “¿Qué había hecho yo? Ir a los hospitales a atender a los heridos porque los militares habían hecho un levantamiento, qué había hecho yo”. La propia Tomasa, detenida en mayo de 1939, cuyos testimonios originaron la obra, exclamaba: “Me indignaba vivir entre miseria no porque tuviera piojos, por hambre.”

“Camino Certo”

Sobre el escenario la bailarina y coreógrafa ciezana regala hasta el tuétano, aunque tiene otros proyectos que la sitúan entre bastidores. Su Trabajo Fin de Estudios, ‘Camino Certo’, una obra contemporánea inclusiva: “Trabajo con diversidad y discapacidad física. En esta pieza participan dos bailarinas maravillosas, una de ellas con síndrome de Down. Mi próxima intención con este proyecto, que es el que más me representa como coreógrafa, es buscar subvenciones y residencias para completar la obra. Ahora tengo 20 minutos y no es vendible. Necesito el espacio para desarrollar un proceso creativo que me permita completar una hora.”

Nuria explica que el modelo de trabajo más usado en arte que es el free lance. Ella quiere desarrollarse de forma autónoma con un producto propio y autogestionado que pueda vender. Ahora busca proyectos donde colaborar como coreógrafa, docente o asistente en dirección y coreografía, objetivos a corto plazo. “Y que pueda aportar cosas, -responde con real ilusión-, me interesa mucho más la danza inclusiva artísticamente. Para mí es mucho más enriquecedor que danzar con bailarines profesionales. La danza se enriquece muchísimo al incorporar otros cuerpos, es elitista que se excluya a otras personas con otras realidades, y además se pierde mucho potencial. No contemplar a este colectivo es un flaco favor para la danza. Con ‘Camino Certo’ hago una analogía con el camino que considero, con mis ideales y con mis creencias con respecto a la danza, como yo lo entiendo como un carácter universal.”

“Es bastante complicado vivir de esta profesión”

Cuenta que la titulación superior absorbía todo el tiempo. Nuria está emergiendo en el mundo laboral: “Es bastante complicado vivir de esta profesión lo que viene derivado de la situación de la cultura de las artes que no se valoran como deberían. Tienes que compaginar con otros trabajos. Vamos tirando de proyectos puntuales que te permiten ir manteniéndote, hay un momento que tienes que quitarte la ropa de ensayo y ponerte otro uniforme pero no me genera conflicto compaginar mi profesión con otro trabajo.”

Con las piernas, duras y torneadas, comienza a recorrer su camino. Ahora se sitúa en Madrid porque profesionalmente tiene más posibilidades, pero quiere regresar puntalmente para compartir lo que ha ido adquiriendo: “Tengo ganas de volver al pueblo. En diciembre impartiré un workshop en la academia de Danza María Lucas”.

Nuria muerde las oportunidades que se le presentan. Las ideas, tan claras como su voluntad, persiguen su objetivo. Es presa de la danza, pero qué bendita condena.

 

 

 

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