Tiempo de patriotas

Antonio-Balsalobre-cronicas-siyasa¡ Oh, desdichada España! ¡Revuelto he mil veces

en la memoria tus antigüedades y anales,

y no he hallado por qué causa seas digna

de tan porfiada persecución!

Sólo cuando veo que eres madre de tales hijos,

me parece que ellos, porque los criaste,

y los extraños, porque ven que los consientes,

tienen razón de decir mal de ti.

Ya, pues, es razón que despertemos

y logremos parte del ocio que alcanzamos

en mostrar lo que es España

y lo que ha sido siempre

y juntamente.”

Francisco de Quevedo y Villegas,

año del Señor 1609

Hablar, hoy, de patriotismo resulta arriesgado.  Correré gustosamente ese riesgo y sepan que no a todos pretendo convencer. Líbreme el Altísimo de semejante osadía y de tan prescindible intención. Me bastará decir cuánto pienso, que no es poca cosa. No callaré pues aunque es hermoso servir a la patria con hechos, no es absurdo servirla con palabras.

Los enemigos de la patria, que nunca faltaron, siempre han presentido la debilidad de la presa y, pacientemente, han esperado el momento adecuado para clavar sus incisivos en la yugular. El gobierno de Rajoy, al que la sociedad española debe mucho de lo que está dispuesta a admitir, está agotado. Languidece lenta pero inexorablemente. El Partido Popular, al que otrora pertenecí, ha hecho cosas muy bien y otras no tanto. A la corrupción, en parte, debe su decadencia pero en modo alguno es la principal y única causa. La estrategia informativa y pedagógica de los populares ha sido y es nefasta. Influenciados por ese complejo de inferioridad, sabiamente inoculado por la izquierda, renunciaron a la política y traicionaron su esencia ideológica. Apenas tienen tiempo para ir pidiendo disculpas por existir. Ciudadanos, por el centro, y VOX, por la derecha, intentan adelantar a ese auto averiado que hoy es el PP.

Mientras tanto, los que nunca quisieron a España nos atacan desde todos los flancos sin que se atisbe una reacción proporcionada al calibre del envite.

Mandamos a Eurovisión a dos chicos que, lejos de mostrar gratitud por la oportunidad brindada o de sentir honor por representar a España, la han denigrado cuando han tenido la oportunidad de hacerlo.

Nuestra selección española es ahora conocida como “La Roja”; hábil ocurrencia de unos comentaristas que, a modo de guiño, supuso el intento por atraer a  apátridas renegados. La Federación Española de Fútbol permite que quien, pública y alevosamente, presume de secesionista, se enfunde la camiseta nacional y se meta en el bolsillo los dineros de los españolitos; esos a los que el ínclito otea con inaceptable condescendencia.

Sr. Ministro de Deportes; recuerde a algunos clubes que pueden declinar su participación en la Liga y Copa del Rey pero que, ante el más mínimo pitido o desprecio a nuestro himno o bandera, el partido será suspendido de inmediato.

Lo de Cataluña tiene que terminar de una vez. El tiempo de no asumir responsabilidades y descargarlas en el Tribunal Constitucional ha pasado. El Gobierno juró o prometió cumplir y hacer cumplir la Constitución y el resto de nuestro ordenamiento jurídico. ¿A qué esperan? Háganlo de una puñetera vez. Apliquen el artículo 155 en toda su intensidad; detengan a quienes, de forma jactanciosa y flagrante, están cometiendo delitos y póngalos a disposición judicial. Cierren o tomen el control de los medios de comunicación que hacen apología del odio, del racismo y de la xenofobia.

Recuperen las competencias de Sanidad, Justicia y Educación que, a la postre y en manos equivocadas, estimulan el fanatismo y evidencian la desigualdad entre teóricamente iguales.

Den un puñetazo en todos los foros internacionales y díganles que España es un gran país que ha de ser respetado. De no obtener una respuesta satisfactoria, mándenlos a hacer puñetas.

Díganles a quienes recientemente nos han perdonado la vida que muy bien pero que todos, sin excepción, cumplirán hasta el último día de sus condenas; no vaya a ser que casi mil muertos, mujeres y niños incluidos, se revuelvan en las tumbas.

Digan a todos que con España y su unidad no se juega; que ni es ni será discutible y que, allende las fronteras, hay muchos lugares ansiosos por acoger a tan entusiastas disidentes. Si son tan amables, díganlo alto y claro.

Díganles a nativos y extranjeros que España no tolerará ideologías, creencias, postulados o costumbres que atenten contra los principios jurídicos y cívicos sobre los que sustenta nuestra nación. Bajo ningún concepto daremos un paso atrás en lo que a derechos civiles se refiere.

Acaben, de una vez, con esa desaforada campaña de acoso y derribo contra nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Son servidores públicos que nos protegen de los malos, nos auxilian cuando la ocasión lo requiere y son garantes  del orden y la Ley.

Señores. Es tiempo de patriotas y habremos de aupar a quienes, de corazón y con razón, quieran a España más que a sí mismos.

Hay quienes ven a España como un mito, como una perversa invención. Antes al contrario, España es una realidad humana, histórica, geográfica y cultural, imaginada desde la Edad Antígua, con conciencia política desde la Alta Edad Media, rota en el 711, ansiada durante siglos y felizmente lograda en 1492.

No se engañen. La patria en la que yo creo germina en el corazón y no en las cámaras acorazadas. Mi patria, de la que pretendo hablarles, premia el esfuerzo pero ampara al desvalido. En mi patria manda el pueblo y no el señorito. En la tierra de mis padres, de mis abuelos y de los padres de éstos, reinan la igualdad y la justicia. La patria que yo quiero es feliz, alegre y solidaria. En esa patria mía la diferencia es una bendición y no un privilegio. Porque la patria no solo pertenece a nuestros ancestros, a quienes derramaron su sangre y exprimieron sus vidas; la patria, digo, no solo es de aquellos y nuestra sino, además y ante todo, de quienes debieran ser la razón de nuestros desvelos: nuestros hijos.

Dicen que la patria es como la familia; que solo se valora cuando se pierde. No estoy dispuesto a perder la una ni la otra y sí presto a luchar por ambas. ¿Quieren hacer el favor de acompañarme?

 

Fdo. José Antonio Vergara Parra.

 

¿On ets, Espanya? – no et veig enlloc.
No sents la meva veu atronadora?
No entens aquesta llengua – que et parla entre perills?
Has desaprès d’entendre an els teus fills?
Adéu, Espanya!

Joan Maragall i Gorina

Poeta catalán 1860-1911

(traducción:

¿Dónde estás España, dónde que no te veo?
¿No oyes mi voz atronadora?
¿No comprendes esta lengua que entre peligros te habla?
¿A tus hijos no sabes ya entender?
¡Adiós, España! )

 

 

 

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